La línea narrativa y el partido en el poder

La línea narrativa y el partido en el poder
Fernando Jiménez
Códigos de Guerra

Códigos de guerra escribe Fernando Jiménez 

Las Narrativas invisibles detrás del poder

La línea narrativa es un hilo hecho de causas, valores y emociones que requiere tensión para poder conducir la conversación a través de él adecuadamente. Pero esta línea no es algo que se construye en el aire. Trazar un hilo narrativo en un ecosistema político naturalmente complejo no puede ser un entramado de curvas, saltos y sobresaltos; tampoco puede ser el dibujo de una madeja que amenaza con generar nudos en cualquier momento. El hilo necesita tensión y linealidad para causar certidumbre.

La teoría dice que el relato puede tensionarse construyendo un escenario de polarización, donde los extremos antagónicos tiran en sentidos opuestos: "chairos" contra "fifís", o defensores de la soberanía versus "vendepatrias". Y lo que evita que la gente explore otras vías o caminos fuera del hilo es el miedo. El miedo a la violencia que resultaría de la ruptura del status quo, el miedo a que invadan tu país, el miedo a perder tus programas sociales. El miedo siempre ha sido fundamental para mantener a una población moviéndose sobre la cuerda.

Durante años, el gobierno de la 4T fue el dueño de la narrativa, una cuidada construcción que gira alrededor de “primero los pobres”. Esta construcción ha resistido todos los embates opositores que la atacan religiosamente colaborando con ello a mantener la tensión narrativa que el régimen requiere para justificarse ante su base de votantes -el juego del tonto útil-. Este hizo que Morena se sientiera invulnerable, hasta que el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó formalmente a diez políticos del partido oficialista por vínculos con la delincuencia organizada.

Para la mayoría de los mexicanos el vínculo gobierno-narco es evidente: la extorsión y el cobro de piso es una triste realidad en prácticamente todo el territorio nacional. Hay que decir que este fenómeno delincuencial no es exclusivo de las regiones gobernadas por Morena sin ambargo al acaparar casi todos los cargos relevantes del país esto hace que los números jueguen en su contra: a mayor número de gobernadores y funcionarios de alto nivel, más posibilidades hay de encontrar en sus filas a un personaje coludido con el narco.

Esto también construye un relato que ya tiene nombre: El Narcogobierno. Se ha creado una nueva línea narrativa que corre paralela a la institucional y amenaza con convertirse en la línea principal. Ante crisis de estas dimensiones se requieren distractores del tamaño del mundial de fútbol, del tamaño de “no veas TV Azteca”, de amenazemos a Maru Campos o de cambios en la constitución para anular elecciones.

Mientras esto pasa, Andy López Beltrán deja el partido para buscar fuero legislativo, Adán Augusto López avisa que se quiere enfermar para evitar una posible acción legal en su contra, y la presidenta Claudia Sheinbaum intenta rescatar un barco Morenista que parece empeñado en dinamitar el mismo hilo conductor que costó años construir y que hoy está sostenido con alfileres.

Con datos de PulsoGob, Arquitectura Narrativa y Estudios de Opinión Digital.

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