El Blog de Puebla Deportes escribe Eduardo Zayas Cuatetl
Si a Chivas le va bien, a la Selección le va bien”. La frase, repetida durante décadas en el entorno del fútbol mexicano, ha sido más que un slogan: un principio identitario que refleja la filosofía del club rojiblanco de jugar únicamente con futbolistas nacionales https://www.youtube.com/watch?v=DPgeLeFngag.
En el imaginario colectivo, el éxito de Guadalajara se traduce en un beneficio directo para el Tricolor, pues el club ha sido históricamente un semillero de talento para el equipo nacional, sin embargo, en pleno 2026, cuando Javier Aguirre presentó la prelista rumbo al Mundial, vale la pena preguntarse si esta máxima vuelve a tener vigencia o si se ha convertido en un mito que se sostiene más por tradición que por hechos.
La prelista de la Selección Mexicana, que definirá a los 26 jugadores que representarán al país en la Copa del Mundo, tiene un dato revelador: Chivas es el equipo que más futbolistas aporta, con ocho convocados. De ellos, cinco ya habían sido incluidos en la primera convocatoria de la Liga MX, lo que prácticamente les asegura un lugar en la lista definitiva. Este hecho parece confirmar la vieja sentencia: el peso de Guadalajara en la Selección es real y tangible. No obstante, la discusión no puede quedarse en la simple aritmética de los llamados, sino que debe profundizar en lo que significa que un solo club concentre tanto protagonismo en un momento crucial.
El contraste con otros equipos es evidente. Toluca y América aportan cinco jugadores cada uno, Tijuana cuatro, Cruz Azul y Pachuca tres, mientras que Pumas y Tigres apenas dos, Monterrey, Juárez, Santos, Atlético de San Luis y Puebla se reducen a un solo representante.
El resto de los lugares, dieciocho en total, corresponden a futbolistas que militan en ligas extranjeras. La fotografía de esta prelista muestra un panorama dual… por un lado, la fuerte presencia de Chivas como columna vertebral del talento local; por otro, la creciente dependencia de jugadores que se desarrollan fuera del país. En ese cruce de caminos se juega la vigencia de la máxima rojiblanca.
El debate se enciende porque la Selección no puede hacer cambios fuera de esta prelista. Quien no esté incluido, no tiene ninguna posibilidad de disputar el Mundial. Las únicas modificaciones permitidas son en la lista definitiva de 26 jugadores, y únicamente en caso de lesión grave o enfermedad, a más tardar 24 horas antes del debut.
Además, el sustituto debe estar forzosamente dentro de la prelista. Esto convierte la convocatoria en un filtro definitivo y otorga a los ocho jugadores de Chivas un peso estratégico, no solo representa la tradición de un club que presume su mexicanidad, sino que también se convierten en piezas clave de un rompecabezas que Aguirre deberá armar con precisión quirúrgica.
Ahora bien, ¿Qué significa que Chivas sea el principal proveedor de talento para el Tri? Por un lado, refuerza la narrativa de que el club vuelve a convertirse en un bastión de identidad nacional. En un fútbol cada vez más globalizado, donde la mayoría de los equipos de la Liga MX apuestan por extranjeros en posiciones determinantes, Guadalajara se mantiene fiel a su filosofía y, en consecuencia, se convierte en un recurso natural para la Selección. Por otro lado, también abre un flanco de crítica: ¿es saludable que un solo club concentre tanto poder en la convocatoria? ¿No se corre el riesgo de que la Selección dependa excesivamente de un proyecto que, en la competencia local, ha mostrado altibajos y contradicciones?
El caso de Chivas no puede analizarse en aislamiento. La aportación de Toluca y América, con cinco jugadores cada uno, refleja que otros clubes también han trabajado en la formación de talento nacional. Sin embargo, ninguno alcanza la magnitud de Guadalajara.
Este desequilibrio plantea una pregunta incómoda: ¿la Selección Mexicana está construida sobre una base suficientemente diversa o se apoya demasiado en un solo pilar? La respuesta no es sencilla, pero el debate es necesario, porque de ello depende la competitividad del equipo en un Mundial que no admite errores.
La frase “si a Chivas le va bien, a la Selección le va bien” puede interpretarse de dos maneras. En su sentido positivo, subraya la importancia de que un club con filosofía nacionalista aporte jugadores de calidad y refuerce la identidad del Tricolor. En su sentido crítico, advierte que el éxito de la Selección no debería depender de la suerte de un solo equipo, sino de un ecosistema más amplio y equilibrado.
La realidad es que, hoy en 2026, la Selección Mexicana se encuentra en un punto intermedio: necesita de Chivas, pero también de los talentos que se forman en otros clubes y en ligas extranjeras. El reto de Aguirre será armonizar esas piezas y demostrar que la vieja máxima puede transformarse en una verdad renovada.
La presencia de ocho jugadores de Chivas en la prelista rumbo al Mundial es un hecho que no puede pasar desapercibido. Confirma la vigencia de una tradición, pero también abre un debate sobre la diversidad y el equilibrio en la Selección.
La frase que ha acompañado al fútbol mexicano durante décadas sigue resonando, pero ahora exige una lectura crítica: más que depender de un solo club, el éxito del Tricolor debe construirse sobre una base plural, capaz de integrar lo mejor del talento nacional y de los mexicanos en el extranjero.
Solo así, la Selección podrá aspirar a trascender en un Mundial que marcará el rumbo del fútbol mexicano en los próximos años.