El Blog de Puebla Deportes escribe Eduardo Zayas Cuatetl
En un país donde el fútbol, el boxeo y la lucha libre suelen dominar la conversación deportiva, la historia de Donovan Daniel Carrillo Suazo es un auténtico parteaguas en los libros de historia del deporte mexicano.
Nacido en Zapopan, Jalisco, el 17 de noviembre de 1999, Donovan descubrió el patinaje a los ocho años, inspirado por la magia del hielo y la música. Lo que comenzó como un pasatiempo pronto se transformó en una vocación que lo llevaría a desafiar las expectativas y a abrir camino en un terreno prácticamente inexplorado para México. Su formación inicial se dio en León, Guanajuato, donde entrenaba en condiciones limitadas: pistas pequeñas, horarios reducidos y escaso apoyo institucional.
Su camino no ha sido sencillo: ha tenido que superar obstáculos como la falta de recursos económicos y la ausencia de espacios adecuados en México para practicar deportes de invierno. Actualmente se prepara en la Ice Academy de Montreal, en Canadá, donde encontró las condiciones óptimas para alcanzar el nivel competitivo que exige una justa olímpica.
Su primera aparición en el ámbito internacional ocurrió en 2013, cuando participó en el ISU Grand Prix realizado en México. A partir de esa experiencia comenzó a competir en distintas pruebas fuera del país, lo que finalmente lo llevó a disputar su primer Campeonato Mundial Junior en 2017 y regresar nuevamente en la edición de 2018.
Uno de los rasgos más distintivos de Donovan es su capacidad para integrar la cultura mexicana en sus rutinas. Mientras otros patinadores optan por piezas clásicas o contemporáneas de tradición europea, él ha elegido ritmos latinos y canciones icónicas que transmiten identidad y orgullo.
En Beijing 2022, por ejemplo, sorprendió al mundo al patinar con música de Carlos Santana, mostrando que el hielo también puede vibrar con la energía de la cultura mexicana.
Este sello personal no solo lo distingue técnicamente, sino que lo convierte en un embajador cultural: cada presentación es un recordatorio de que el deporte puede ser también un espacio de expresión artística y nacional.
Los logros de Donovan Carrillo han marcado un antes y un después en la historia del deporte mexicano. En los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022 se convirtió en el primer patinador artístico del país en alcanzar una final olímpica, un hecho que trascendió más allá del resultado y que abrió la puerta para que México figurara en un mapa deportivo donde había tenido escasa presencia.
Dos años más tarde, en el Campeonato Mundial ISU de 2024 celebrado en Montreal, alcanzó una puntuación total de 232.67, la mejor de su carrera hasta ese momento, consolidándose como un competidor respetado en la escena internacional y demostrando que su talento podía medirse frente a los mejores del mundo.
En su actuación en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026 volvió a marcar un hito al conseguir por segunda ocasión su pase a una final olímpica. Con un programa corto lleno de brillo y energía, Donovan Carrillo conquistó al público. “¡Los sueños siempre se cumplen!”, expresó sonriente frente a las cámaras tras concluir su rutina el 10 de febrero en la competencia masculina de patinaje artístico.
Aunque aún faltaban por presentarse los grandes favoritos, como Ilia Malinin o Kaori Sakamoto, el Milano Ice Skating Arena vibró con la actuación de Carrillo. Los asistentes lo ovacionaron con cánticos de “¡Donovan, Donovan!” y “¡México, México!”, convirtiendo su presentación en uno de los momentos más emotivos de la jornada.
Donovan Carrillo firmó una actuación sólida en el programa corto de patinaje artístico con 75.56 puntos que lo ubicaron entre los 24 mejores rumbo a la final olímpica. Volverá a la pista este viernes 13 de febrero para competir en la final de Patinaje Artístico.
Su presencia en esta edición olímpica ha despertado un entusiasmo enorme en México, donde miles de aficionados siguen cada una de sus rutinas con orgullo y esperanza, conscientes de que cada salto y cada giro representan no solo un esfuerzo personal, sino también la posibilidad de que el país continúe escribiendo su nombre en la historia del patinaje artístico mundial.
Más allá de las medallas, cada competencia de Donovan representa un triunfo simbólico: demostrar que los sueños pueden materializarse incluso en disciplinas que parecían imposibles para un país sin tradición en deportes de invierno.
La historia de Donovan Carrillo es un relato de perseverancia y representación. En cada salto, giro y aterrizaje, lleva consigo la bandera de México y el esfuerzo de quienes lo han apoyado. Su carisma y valentía lo han convertido en un referente para jóvenes que sueñan con destacar en ámbitos poco convencionales.
El orgullo que despierta no se limita al ámbito deportivo. Su capacidad de integrar identidad cultural en cada presentación lo convierte en un verdadero embajador de México en el mundo. Donovan demuestra que la excelencia no depende de las condiciones iniciales, sino de la pasión y la constancia.
El camino de Donovan Carrillo es un recordatorio de que México puede brillar en cualquier escenario, su historia inspira a mirar más allá de lo tradicional, a apoyar disciplinas emergentes y a reconocer que el talento nacional es capaz de conquistar cualquier frontera.
En un país donde los sueños muchas veces se enfrentan a limitaciones estructurales, Donovan nos enseña que la perseverancia y la creatividad pueden abrir caminos inéditos. Su ejemplo invita a las instituciones, a los medios y a la sociedad a respaldar a los atletas que, como él, se atreven a desafiar lo establecido.
El deporte mexicano es más que un balón, es más que un equipo. Es la suma de historias que desafían las costumbres y rompen fronteras, como la de Donovan Carrillo, quien nos recuerda que la pasión no se limita a la cancha ni al estadio. Es un mosaico de talentos que, con esfuerzo y orgullo, demuestran que la identidad deportiva de México no se reduce a lo tradicional, sino que se expande hacia territorios nuevos, inspirando a generaciones enteras a creer que todo es posible.