¿Políticos o influencers con fuero?

¿Políticos o influencers con fuero?
Jatzume Hernández de García
Jat escribe

Jat escribe por Jatzume Hernández Romero 

En los últimos años hemos visto cómo los políticos, sin importar el partido, se han convertido en influencers con fuero que solo buscan reflectores.

Adiestran a la sociedad a una rutina sin margen de error: un personaje político dice o hace algo polémico, acto seguido las redes explotan, piden disculpas, pasan algunos días y, después, se olvida el evento.

Entonces, ¿una disculpa realmente repara el daño o solamente sirve para apagar una crisis de imagen?

Porque, al final, desde comentarios ofensivos y actitudes déspotas hasta demandas legales severas, son algunas de las polémicas que hemos visto y, a la fecha, ¿han tenido una consecuencia real? Me parece que no.

¿Desde cuándo un candidato o funcionario al mando tiene la obligación de ocupar las redes sociales, participar en actos en “beneficio de otros” o, incluso, tener el descaro de pagar o solicitar entrevistas para darse a conocer?

Y, para ser honestos, todo este desfile de hipocresía hacia la sociedad comienza cuando se les da poder y un poco de luz a personas que no tienen el conocimiento ni las habilidades para mantener un puesto como el que se les otorga a diestra y siniestra; cuando el compadrazgo y el favor son los ejes centrales de la política.

Saúl Huerta, exdiputado de Morena, fue acusado de abuso a menores y, como respuesta, ¿qué se obtuvo? La respuesta de diputados que ¡apoyaban su actuar!, justificando que no se encontraba en horario laboral.

Cuauhtémoc Blanco, exfutbolista que se convertiría en gobernador de Morelos y que ahora es diputado —y que, en mi muy particular punto de vista, no entiendo cómo un deportista sin experiencia ni carrera en la política pudo llegar al puesto que tiene—, fue señalado por sus comentarios misóginos para, más tarde, enfrentarse a demandas por abuso sexual.

Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, negó y minimizó el exterminio de animales y la afectación a la biosfera marina derivada del petróleo y de la presencia de hidrocarburos en las costas del estado tras el accidente con Pemex, evitando, con sus declaraciones, que se tomaran acciones al instante para evitar un daño mayor.

Marx Arriaga Navarro, responsable principal de realizar los libros de la SEP con inconsistencias históricas, faltas de ortografía y diseñados, según las críticas, para enseñarles a los niños a vivir en un mundo comunista, se encerró en las oficinas de la institución, pues se negaba a dejar el hueso; perdón, a dejar el puesto, generando transmisiones en vivo durante casi cuatro días, tiempo en el que se mantuvo en “huelga”.

Y tenemos el caso más reciente: Nay Salvatori y Grace Palomares les dicen a las personas mayores que “huelen a baúl”, para después disculparse a medias a través de redes sociales, esperando ser glorificadas por haberse disculpado y, con ello, aparecer en las plantillas de las próximas elecciones.

Y cómo olvidar a Andrés Manuel López Obrador, quien salió corriendo para saludar a la mamá del delincuente más buscado de su tiempo por su brutalidad y sus nexos con la delincuencia organizada y el narcotráfico: El Chapo.

El chiste se cuenta solo.

Justo estos son algunos de los muchos ejemplos que podemos encontrar a partir de que la política se ha convertido en una plancha de reflectores, en un escenario para demostrar lo “chingones que son” y lo mucho que hacen por la gente.

Porque eso sí: antes que nada, “primero los pobres”... mientras manejan un coche del año con un séquito de personas detrás de ellos, todos buscando un poco de hueso.

Esto es nuestro México mágico.

Pero esto puede terminar en el momento en que la sociedad quiera. Cuando dejemos de aceptar y aplaudir las incoherencias del poder por un quinientón y una torta, o cuando dejemos de asentir la cabeza ante todo candidato que coloquen en el pedestal.

El cambio, verdaderamente, está en ti.

 

@Jatzume1