Educar también se planea: el proyecto financiero que dura más de 20 años

Educar también se planea: el proyecto financiero que dura más de 20 años
Yani López
Fondo y forma

Fondo y Forma escribe Yani López 

La estructura detrás de tu tranquilidad financiera.

¿Alguna vez has calculado cuánto vas a invertir en la educación de tus hijos antes de que reciban su primer título universitario?

Cuando pensamos en el futuro de nuestros hijos hablamos de valores, oportunidades, experiencias y, por supuesto, educación. Queremos darles herramientas que les permitan construir una vida propia. Sin embargo, pocas veces vemos la educación como lo que también es: uno de los proyectos financieros más largos e importantes de una familia.

En México, hablar de educación implica reconocer realidades muy distintas. La educación pública cumple una función social indispensable; al mismo tiempo, para determinado sector de la población, elegir un colegio privado forma parte del proyecto familiar. Las razones pueden ser diversas: modelo educativo, idiomas, instalaciones, actividades extracurriculares, ubicación o simplemente la búsqueda de una formación específica.

No se trata de afirmar que lo privado sea mejor que lo público. Se trata de reconocer que, cuando una familia decide pagar educación privada, está asumiendo un compromiso económico que puede acompañarla durante prácticamente toda la infancia y adolescencia de sus hijos.

Y la colegiatura es apenas una parte.

Inscripciones, uniformes, útiles, libros, transporte, dispositivos, actividades deportivas, idiomas, viajes escolares… pequeños y grandes desembolsos que, acumulados durante años, representan una inversión considerable.

Los resultados más recientes de la ENIGH 2024, publicados por INEGI en julio de 2025, ayudan a dimensionarlo: los hogares mexicanos destinaron en promedio $4,593 trimestrales al rubro que agrupa servicios y artículos educativos junto con gastos de esparcimiento. Es importante aclarar que esta cifra es un promedio nacional y no representa exclusivamente colegiaturas.

Ahora hagamos un ejercicio mucho más cercano.

Supongamos que una familia destina $6,000 mensuales únicamente a la colegiatura de un hijo. Son $72,000 al año. Si mantuviera ese gasto durante 15 años, habría destinado $1,080,000, sin considerar incrementos de colegiatura, inscripciones, materiales, uniformes ni actividades adicionales.

Y después viene la universidad.

Ahí aparece una contradicción frecuente: durante años encontramos la manera de pagar mes a mes la educación de nuestros hijos, pero muchas veces esperamos hasta que están por terminar la preparatoria para preguntarnos cómo pagaremos la siguiente etapa.

¿Por qué esperar hasta los 18 para planear uno de los desembolsos más importantes de su formación?

La falta de recursos puede incluso interrumpir una trayectoria educativa. La ENAPE 2021 del INEGI identificó la falta de dinero como la principal causa de abandono escolar, con 49.7% dentro de la población analizada. El dato es anterior a la ENIGH, pero resulta especialmente revelador sobre la relación entre capacidad económica y continuidad educativa.

Por eso prever la universidad cuando nuestros hijos son pequeños no significa saber qué carrera estudiarán, ni decidir hoy dónde vivirán dentro de quince años. Significa algo mucho más sencillo: darle tiempo al dinero y reducir la presión financiera que tendremos que enfrentar cuando llegue ese momento.

Pero existe una pregunta todavía más importante: ¿qué ocurriría con ese proyecto si mamá o papá, quienes hoy lo financian, llegaran a faltar o ya no pudieran generar el mismo ingreso?

Ahí está la diferencia entre simplemente ahorrar y realmente planear.

Un proyecto educativo de largo plazo debería considerar tanto la acumulación de recursos como la protección del objetivo ante acontecimientos inesperados. Porque nuestros hijos pueden cambiar de carrera, de universidad e incluso de país; lo que no debería cambiar es nuestra intención de darles la oportunidad de continuar.

La educación probablemente será una de las mayores inversiones que hagamos por ellos. Y quizá también una de las pocas cuyo verdadero rendimiento no veremos en un estado de cuenta.

Lo veremos en sus posibilidades.

Por eso, más que preguntarnos cuánto cuesta hoy su escuela, vale la pena hacernos otra pregunta:

¿Qué estoy haciendo hoy para que la educación que quiero para mis hijos siga siendo posible mañana?

Yani López

Asesora Profesional de Seguros

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