La información como símbolo: polarización y disputa narrativa

La información como símbolo: polarización y disputa narrativa
Carlos Miguel Ramos Linares
Ecosistema digital

Ecosistema digital escribe Carlos Miguel Ramos Linares 

La confirmación oficial de que Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, fue abatido el domingo en un operativo encabezado por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) no sólo marca un hito en la lucha contra el crimen organizado. Marca, sobre todo, un punto de inflexión en la batalla por el relato.

El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación no era únicamente un objetivo prioritario en términos de seguridad; era también una figura simbólica. Su ejecución, confirmada por autoridades mexicanas, fue rápidamente absorbida por la dinámica polarizante de las redes sociodigitales, particularmente en X, donde el hecho dejó de ser noticia para convertirse en estandarte político.

En cuestión de horas, el debate dejó de centrarse en los detalles tácticos del operativo y se desplazó hacia una narrativa geopolítica: la idea de que la acción habría sido, en realidad, ejecutada por Estados Unidos. Aunque se reconoció cooperación en materia de inteligencia —algo históricamente documentado en la relación bilateral en seguridad—, la operación fue realizada por fuerzas mexicanas. Sin embargo, para ciertas voces alineadas con sectores de la derecha política, el énfasis no estuvo en la ejecución nacional sino en magnificar la participación estadounidense.

Esa insistencia no es casual. Forma parte de un marco ideológico que ha sostenido durante años que el Estado mexicano carece de capacidad estructural para enfrentar por sí mismo a las organizaciones criminales de alto impacto. Bajo esa lógica, cualquier éxito significativo debe explicarse como resultado de intervención o presión externa. El subtexto es potente: sin Washington, no hay eficacia.

Aquí opera la mecánica clásica de la posverdad. No se niega el hecho —la ejecución ocurrió—, pero se reencuadra su autoría simbólica. El acontecimiento se resignifica para reforzar una tesis política previa: dependencia, subordinación o incapacidad institucional. El dato duro pierde centralidad frente a la coherencia ideológica del relato.

El mensaje busca inocular una conclusión política más que informar sobre un operativo militar. En un entorno altamente polarizado, la información no circula para comprenderse, sino para confirmar identidades. La narrativa de la intervención extranjera resulta funcional porque activa emociones de agravio, sospecha o reivindicación soberanista, dependiendo del bando.

El algoritmo amplifica la versión más conflictiva, no la más precisa. La hipótesis geopolítica genera más interacción que la explicación técnica. Así, la discusión pública se desplaza del terreno operativo al simbólico.

En la era hipermedial, la disputa por la seguridad es también disputa por la interpretación. Y esa batalla, silenciosa pero constante, define hoy buena parte de nuestra vida pública.

@cm_ramoslinares