Tres notas con cabeza fría

Tres notas con cabeza fría
Alejandro Páez Varela
Historias de unos días

Tres Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela 

"Trump es otro. Está más errático y furioso que nunca.

Es su versión más peligrosa. Sugiero desarmarlo

y, de paso, hacerle un bien a México".

1. Una nueva etapa

Entendido. Entramos a una nueva fase, a un momento distinto. La cabeza fría funcionó para el primer tramo, para los aranceles y para las primeras amenazas. Pero hemos visto eventos inéditos, cosas que no habríamos imaginado hace muy poco tiempo. Donald Trump ha evolucionado. Pasó por Venezuela y por Irán. Conoce las victorias a medias y las derrotas. Es un nuevo Trump, menos popular que nunca y más cercano a la derrota personal, por su edad, porque sus errores le pasan facturas y porque todo indica que la elección federal intermedia de noviembre será un desastre para él.

Sabemos que al Presidente de Estados Unidos hay que estudiarlo siempre. Más a Trump. Aprender de sus giros. Está más impredecible, errático y furioso que nunca. Aún así, todos, absolutamente todos trazamos líneas y seguimos patrones. Incluso él, egocéntrico, petulante, egoísta, narcisista. Incluso él, en el contexto del neocolonialismo estadounidense. Habrá que analizar las líneas que traza para sacarle algo. ¿Confrontarlo? No necesariamente. Hay que imaginar cómo usarlo, cómo aprovecharlo. Al final, la política de “cabeza fría” de Claudia Sheinbaum fue una manera de aprovechar al Presidente de Estados Unidos en favor de México.

Se supone que la crisis actual es porque los gringos quieren “combatir la corrupción, la narcopolítica y la impunidad” en México. No les creo nada, pero ese es su pretexto para presionarnos. ¿Es posible usar algo de ese discurso? Sí, sí es posible. Quizás aprovecharlos para dar pasos audaces ahora que estamos en un momento distinto.

Durante los años recientes he dicho y he escrito muchas veces que la 4T está en deuda con el combate a la corrupción y a la impunidad y, en particular, que Andrés Manuel López Obrador pudo hacer más con el narcotráfico, donde Sheinbaum sí ha apretado. Cuando algunos hablaron de “justicia transicional” a mediados de 2018, AMLO pareció hacerlo a un lado, y cuando se le presionó sobre un juicio a los expresidentes se refugió en una consulta que de antemano llevaba su rechazo.

Ahora estamos a una nueva fase con Trump, peligrosa. Deberíamos dar pasos audaces. Retomar donde AMLO no avanzó. La idea de un maxiproceso fue rechazada en su momento pero es un recurso. Por supuesto que requiere mucho trabajo y mucha audacia, con vigilancia de Naciones Unidas y con asesoría de tribunales internacionales. Podría encargarse a la Secretaría Anticorrupción revisar opciones. Hay una razón de Estado para hacerlo. Washington utiliza un pretexto para amenazarnos y podemos asumir riesgos menores a lo que representa una violación a nuestra soberanía.

Empecemos por lo más simple: armar una lista de políticos y empresarios con procesos inconclusos por presuntos nexos con el narco y por corrupción. De Francisco Garduño a Ignacio Ovalle; de Ricardo Anaya a Francisco García Cabeza de Vaca; de Adán Augusto López a Alejandro Moreno Cárdenas; de Américo Villarreal a Silvano Aureoles; de María Eugenia Campos Galván a Ricardo Gallardo.

Algunos de estos juicios serían simplemente para que se conozca la verdad. Otros, para llevar gente a la cárcel. Verdad, justicia y audacia. Nos brincamos la etapa de la justicia transicional pero nunca es tarde. Hay una razón o hasta varias razones de Estado para hacerlo. Qué mejor pretexto que las amenazas del imperio para ser audaces. Felipe Calderón nunca ha reconocido que lanzó una guerra y nunca ha rendido cuentas por ella; Enrique Peña Nieto nunca ha pisado un tribunal por escándalos graves de corrupción y por Ayotzinapa y por Atenco. Éstos dos y otros deberían ir a juicio. Un juicio transparente y legitimado.

Trump es otro. Está más errático y más furioso que nunca. Es su versión más peligrosa. Sugiero desarmarlo y, de paso, hacerle un bien a México. Pocos estarían en desacuerdo con abrir procesos a los corruptos e impunes. Dentro y fuera, pocos estarían en desacuerdo. Creo que no es una mala idea.

2. Mover la colita

“¡Se los dije!”, gritaba eufórico Alejandro Moreno Cárdenas. Por fortuna ya casi nadie lo escucha, pero era realmente anodino. Como aquél que dice, en algún momento del día, que pronto serán las seis y cuando son las seis, grita emocionado: “¡Se los dije!”. (El narcotráfico y sus secuelas no son un partido de futbol, bobo. No gana uno y pierde el otro y todos se van a festejar, bobo. El narcotráfico es una tragedia).

No hay actitud de Estado. No hay ganas de mejor país. Lo que hay es un deseo enfermizo de venganza. Al líder de lo que queda del priismo y a casi todos los opositores los mueve el odio, la desesperación y su propia intrascendencia. Y creen que a todos se nos borró la memoria. Pero no es así. Yo recuerdo generaciones de gobernadores narcos del PRI y del PAN. Eran otros tiempos y las acusaciones de Washington no venían acompañadas de amenazas de bombardeo. El narco lleva más de medio siglo corrompiendo la política continental; la izquierda lleva poco más de siete años en el poder.

Además, falta que le prueben Rubén Rocha Moya y a los otros que son narcos. Usan en su contra tres servilletas rayadas que supuestamente prueban algo. Tres pedazos de papel con listas que supuestamente sugieren algo. Con eso tiene el desprestigiado Departamento de Justicia de Estados Unidos para gritar que todo México está contaminado; con eso tienen para sugerir que todo está perdido. Las tres hojas de papel vienen de narcos en desgracia que venderían a su propia madre por un día con sol.

Pero la oposición no quiere un juicio justo para Rocha y coacusados: quiere sangre ya. La oposición mexicana da pena ajena porque exige “Estado de derecho” e instituciones que sirvan… salvo cuando se trata de sus contrarios. Allí sí grita que les corten la cabeza sin juicio y que Estados Unidos nos invada. Qué manera de ser mediocre. Además, la oposición grita para agradar al Embajador y al Presidente de una nación extranjera. Qué manera de ser vendepatrias.

A Rocha Moya no le han probado nada y si se lo prueban, que lo refundan. Va a recibir una condena que, para él, será perpetua. Y eso qué. ¿Garantiza algo? No garantiza nada. Porque Rocha no es el tema y el tema trasciende incluso al hecho de que sea de Morena. El narcotráfico es una enfermedad terrible que no conoce de partidos; que es horizontal a todos los oficios, a todas las familias e ideologías, y a todos las economías. Pero se piensa electoralmente, no en respuestas para atajar el problema.

Lero lero, dicen Alejandro Moreno y los líderes de la oposición. Si Estados Unidos amenaza con violar nuestra soberanía se alegran aún más porque quieren votos, no soluciones. Quieren rendirse frente a sus invasores antes siquiera de que inicie una invasión. Piensan que con esas acusaciones desde una oficina en Washington están más cerca de retomar el poder. Creen que el mexicano es ese tipo de imbécil.

Y creen que porque ya metió la nariz Trump y porque ofrecen rebanadas de soberanía a la DEA, a la CIA, al FBI, al ICE y al Embajador los van a reinstalar en la Presidencia. Mediocres. Mediocres y vendepatrias. Bien que saben que a Estados Unidos NO le interesa México o atajar la corrupción, o la democracia o la libertad. Todo eso le vale un carajo. Lo que quiere es control, y quiere lo que no se ha robado todavía de nuestra riqueza.

La oposición en México bien sabe que a Washington le da lo mismo si somos una teocracia o una dictadura. Bien que sabe que los gringos quieren gobiernos marioneta y políticos apátridas que les muevan la colita. La oposición prefiere mover la colita. Olvida que en este país ha habido, no hace mucho tiempo, una oposición históricamente digna.

3. Bolitas de naftalina

Tengo que decirlo como lo veo. Y lo que veo no me gusta. Veo un partido acostumbrado muy pronto a la abundancia. Veo un Morena acomodado muy pronto a la popularidad de sus líderes, primero a la de Andrés Manuel López Obrador y luego a la de Claudia Sheinbaum Pardo. Veo un movimiento que dejó de moverse; que abandonó la vanguardia para lanzarse a navegar, cómodamente, de elección en elección. Era más movimiento cuando no tenía la Presidencia de México; era más ingenioso cuando tenía menos recursos.

Veo a Morena asustadizo ahora que los retos se le han duplicado. Veo a Morena aceptando tratos con indeseables sólo por “seguir avanzando” en territorio. Ariadna Montiel puede significar otra cosa pero no veo a Morena con el espíritu lleno de lumbre, como debe ser un movimiento social de izquierda. Sin lumbre y sin arrojo, ya no es movimiento social, ya no es izquierda. Para burócratas, el PRI y el PAN. Para mediocres buenaondita, Movimiento Ciudadano. Si Morena es izquierda hace tiempo que no se le nota.

Apenas ayer hubo discursos sobre las amenazas intervencionistas de Washington. Apenas ayer hubo declaraciones sobre el tema. Pero falta llenar el espíritu de lumbre. Las amenazas son más contundentes que el discurso. La Presidenta enfrenta núcleos ultraconservadores que se han reagrupado adentro y afuera de México y están operando en todos los frentes. Desde los sindicatos patronales, como Coparmex, vienen los ataques; desde los partidos opositores; desde Televisa y TV Azteca y desde casi todos los medios y desde las redes sociales. Y, claro, desde la Embajada de Estados Unidos en México.

Con ríos de dinero atacan todos los días y hasta de madrugada el proyecto de izquierda y yo veo a un puñado dando la batalla. Los mismos que siempre dan la batalla. Incluso menos. No veo el músculo que dicen que tienen. No lo veo. Veo un partido acostumbrado muy pronto a la abundancia. Tengo que decirlo. Huele a las bolitas de naftalina de los closets de madera o peor: huele a derrota a anticipada, aunque las hallan ganado todas.

Morena tiene que ser un movimiento que acompañe a la Presidenta y que tenga tal rigor con las candidaturas y tal fuerza en las calles que trascienda a la Presidenta y mandatarias y mandatarios por venir. Tiene que ser una máquina que arrolla o no va a sobrevivir. La ultraderecha está más organizada o cohesionado que nunca. Morena debe entenderlo y dejar esa actitud sin arrojo, asustadiza, acomodada.

 

@paezvarela