El Gordo, Maru y los vendepatrias

El Gordo, Maru y los vendepatrias
Alejandro Páez Varela
Historias de unos días

Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela

Parte uno

Es muy probable que César Gustavo Jáuregui Moreno, nacido en Mexicali en 1966, sea encontrado culpable de traición a la Patria. Las penas son relativamente bajas. Pueden multarlo con 50 mil pesos, y darle entre cinco y 40 años de prisión por actos contra la soberanía, de acuerdo con el Artículo 123 Constitucional. Pero dos cosas deben quedar bien claras ahora que la Fiscalía de Chihuahua y la General de la República van contra él. Una es que Jáuregui Moreno no es cualquier panista. La otra es que sabe tanto de María Eugenia Campos Galván que bien podría hundirla si tuviera la voluntad. Y voluntad tiene, a juzgar por su último mensaje público previo a su arresto, este sábado. En ese mensaje dice que no se va a dejar de la Gobernadora de Chihuahua. Pero Maru tampoco es una panista cualquiera. Son dos carreras que se hunden y mientras se hunden, crean un oleaje que durará tiempo, quizás hasta las elecciones de 2027.

Desde hace varios meses hay un olor a podrido en el aire, y viene de la oposición. Algo que se cocina en los núcleos del PRIAN se les agrió, se está echando a perder. Lilly Téllez, Ricardo Salinas Pliego, Alejandro Moreno Cárdenas, la misma Maru Campos y hasta Felipe Calderón llevan dos años apostando abiertamente a que Washington le dé un mazazo al Gobierno de Claudia Sheinbaum. Llevan y traen información; participan en esa conjura y es de conocimiento público porque se creen inteligentes y complotan de manera abierta. Juraría incluso que, más discretos, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo participan en esta conjura. Pero las cosas no han salido como esperaban. Y entonces la masa se les pudre en las manos. Su gran apuesta era Donald Trump, pero ni él tiene asegurado su futuro, a estas alturas. Las elecciones de medio término los alcanzaron, a todos, mientras revolvían ingredientes para cocinar el pastel mexicano. Todavía pueden hacer daño, pero será cada vez más difícil. Ese pastel, como lo imaginaron, se les pudrió sin hornear.

Y ahora César Jáuregui nos recuerda –y les recuerda– la volatilidad de los tiempos que vivimos y la volatilidad misma de la política. Hace unos meses, el entonces Fiscal de Chihuahua quería ser candidato a Gobernador por su querido Partido Acción Nacional, en el que hizo carrera desde la juventud, siempre cercano a los grandes panistas del estado. Ahora está acusado de traicionar a la Patria. Su carrera profesional y política parecen haberse acabado. Apostó contra México y metió por sus pistolas a los agentes de una de las peores agencias del planeta, tan o más venenosa que el Mossad o la KGB. Nadie sabe qué planes tenía la CIA en la Sierra Tarahumara, qué sembraba, qué buscaba. Jáuregui sabe y yo creo que Maru Campos también lo sabe, porque el exfiscal dependía política y legalmente de ella y porque ambos panistas están unidos desde hace años. Unidos incluso en el dinero sucio.

Jáuregui nos recuerda que apostar contra México no paga. Que más temprano que tarde todo, absolutamente todo se sabe. Que la política es el arte de calcular dónde caerá una pluma si se le suelta desde un edificio de 10 pisos, y que pocos políticos mexicanos han logrado ese cálculo en el último siglo como su odiado Andrés Manuel López Obrador. Pensaban que podrían complotar contra México y que se saldrían con la suya porque tenían el viento a su favor. Pero las corrientes del viento suelen cambiar, como bien lo supo su aborrecido AMLO, y pueden llevar la pluma a territorios más ingratos.

Hace un año, Jáuregui pensaba que lo tenía todo: incluso el apoyo de la CIA. Ahora la Gobernadora, su Gobernadora, la mujer por la que hizo campaña, y con la que compartió varios gobiernos y hasta los millones que ambos recibieron –según la acusación– de la nómina secreta de César Duarte, lo ha sacrificado. No creo que esté sorprendido de esa traición en un mundo de traidores, pero lo han sacrificado. Poco antes de empujarlo al abismo, la misma Maru Campos habló mal de él. Por eso no creo que el exfiscal esté sorprendido: la aritmética de la política suele ser de pocos números: eran ella o él. Si iban juntos, juntos se hundían. Y si ella no lo detenía con su Fiscalía, entonces la FGR iría por él e iría por ella, no hay más.

“¡Te quiero, Gordo!”, le escribió Maru a quien era su Fiscal, en un mensaje de las 18:54 horas del 26 de junio de 2024. Eran otros tiempos. En ese momento pensaban que podrían apostar contra México; que meter a territorio nacional agentes de la CIA, una agencia que desestabiliza gobiernos, podría ocultarse. Luego vino un olor a podrido. El pastel de los vendepatrias nunca llegó al horno y el Gobierno de Chihuahua se descompone justo ahora, como parte del pastel opositor, cuando faltan unos días para que su gran esperanza, Donald Trump, reciba un golpe seco; cuando faltan unos meses para las elecciones de México en las que, dicen casi todas las encuestas respetables, el PRIAN podrían perder Chihuahua por primera vez en este siglo frente a una fuerza de izquierda.

Parte dos

El mensaje era más extenso: “¡MUY FELIZ CUMPLEAÑOS CÉSAR JÁUREGUI! Como cada quién terminó poniendo su foto, aquí van las recuperables mías. Por lo menos 15 años juntos enfrentando las tragedias, los errores... ¡Te quiero, Gordo!”, escribió Maru Campos. Y publicó varias fotos. Tienen muchas fotos juntos.

Jáuregui llegó jovencito a Ciudad Juárez. También muy joven se unió y sirvió al PAN. Luego se mudó a Chihuahua con un título de abogado y siguió sirviendo a su partido, como funcionario o como dirigente, como coordinador de campañas y como operador político de Maru. Él compitió varias veces y perdió, pero con ella como candidata se fue creciendo. Por lo menos 15 años con ella, enfrentando las tragedias y los errores hasta que los errores y las tragedias los alcanzaron. Son 15 años y es cierto, Maru podría querer a su Gordo, pero lo sacrifica porque si ella no se asegura de encerrarlo bien encerrado allá, en Chihuahua, entonces su Gordo caería en manos de la Fiscalía General de la República y quizás Jáuregui, nadie lo sabe, podría entregar a su gorda para salvarse. Todavía puede hacerlo. Pero vamos por partes. “Pian pianito”, decía mi madre, que era de Santa Bárbara.

“Desgraciadamente se actuó por la libre por parte del exfiscal; por parte de otras personas al interior de la Fiscalía General del Estado y eso no se puede perdonar”, diría hace unos días Maru Campos, en una entrevista con Latinus, la empresa de medios de Roberto Madrazo. “Actuó por la libre”, dice ella, para que la escuche Ernestina Godoy y al final, para que lo escuchen todos, incluyendo los imbéciles que la acompañaron a manifestarse frente a la FGR acá, en la Ciudad de México. “Si tocan a Maru, nos tocan a todos”, gritaba Jorge Romero Herrera, dirigente nacional de PAN, y aplaudían eufóricos Roberto Gil Zuarth, Ricardo Anaya y otros que son ajonjolí de todos los moles. Adentro de Maru, en cambio, no palpitaba la misma convicción. Maru no pensaba en que “si tocan a César Gustavo Jáuregui Moreno, nos tocan a todos”. En la primera oportunidad, fueron primero sus dientes que sus parientes, como también decía mi mamá. “Desgraciadamente actuó por la libre”, dijo la Gobernadora y tómala, que lo detiene. Va por él y lo encierra.

Pobre Gordo. Son 15 años juntos. Él y Maru fueron diputados locales en el Congreso del estado de Chihuahua del 2013 al 2016. Él, de hecho, fue el coordinador del Grupo Parlamentario del PAN hasta finalizar la legislatura, en 2016. Es decir, fue su jefe político. Y luego se fueron juntos a hacer campaña por la Alcaldía de Chihuahua, él como coordinador y ella como candidata. Y después ella lo hizo su Secretario del Ayuntamiento y allí estuvo, desde entonces hasta 2021. El árbol de manzanas floreó durante esos años en que crecieron juntos; el nogal cubrió de frutos secos el suelo. Y luego en 2021 otra vez él fue el coordinador de campaña de Maru por la gubernatura y luego dejó todo para sumarse al equipo de transición de la Gobernadora electa, y luego asumió como Secretario General del Gobierno de ella hasta 2023, cuando su amiga lo mandó a la Fiscalía General del Estado. En Chihuahua, el Fiscal depende de la Gobernadora. Y ellos, Maru y Gordo, siempre estuvieron de acuerdo en que así fuera. Muchos años juntos. La frase tiene todo sentido, pues sí: “¡Te quiero, Gordo!”, escribió ella. Y después lo besó en la mejilla y mandó a que se lo llevaran preso.

Parte tres

A finales de abril de 2017, agentes de la Fiscalía General del Estado catearon varias propiedades de César Duarte, exgobernador corrupto de Chihuahua. Fue un operativo mayúsculo que requirió cerca de dos centenares de elementos. Irrumpieron en oficinas, viviendas y ranchos en Parral y en Balleza, al sur de Chihuahua, muy cerca de Santa Bárbara de mis amores. Las autoridades iban buscando plata y se encontraron con algo mejor: hallaron dos cajas fuertes. En una de ellas estaba una lista detallada de pagos. Era la nómina secreta que usaba Duarte para sobornar –con recursos públicos, claro– a políticos, periodistas, activistas y hasta curas. En esa lista estaban Gordo y Maru Campos. El PAN jugaba a ser oposición en esos años, pero le aprobada todo al PRI, es decir, a Duarte. Según la Fiscalía, cada uno de ellos obtuvo sobornos por unos 10 millones de pesos. El Gobernador era Javier Corral Jurado; intentó meterlos a la cárcel y las redes de poder no se lo permitieron. Ella era Alcaldesa de Chihuahua. Corral era panista. El panismo se dividió.

A mediados de abril de 2026, exactamente nueve años después del hallazgo de las dos cajas fuertes, otro incidente marcó la vida de Maru Campos y César Jáuregui. Varios agentes regresaban de un operativo supuestamente para desmantelar un narcolaboratorio en la Sierra Tarahumara, cuando una de sus camionetas desbarrancó. Murieron dos agentes de la Agencia Estatal de Investigación y otros dos de la CIA. El escándalo destapó la colaboración ilegal del Gobierno panista de Chihuahua con una agencia de espionaje estadounidense. Jáuregui tuvo que renunciar como Fiscal General a finales de abril. Maldito abril.

Epílogo

No, no hay epílogo. Para un epílogo es necesario que la historia tenga un final y esta historia apenas comienza. Jáuregui puede hacerle pasar muchas horas negras a Maru Campos, así como ella se las hace pasar a él. Sin embargo, Ernestina Godoy debe saber que, en la idea de “justicia de cuates” de la Gobernadora de Chihuahua, es posible que alguien vaya a la cárcel (como César Duarte), pero luego es posible rescatarlo y darle su libertad (como lo hizo con Duarte).

La lección amplia de esta historia es que, al final, todo se sabe. ¿Maru sabía del operativo de la CIA? Se va a saber. ¿Jáuregui actuó solo? Se va a saber. ¿Qué hacía la CIA realmente en Chihuahua? ¿“Alito”, Lilly Téllez, Salinas Pliego y todos los que se la viven en Washington son parte de una operación de la CIA? Se va a saber. Yo digo que un buen hilo a jalar es el propio exfiscal. Si la FGR presiona, va a cantar. Si lo convencen que lo van a soltar con maniobras en la Fiscalía de Chihuahua, no va a cantar.

Nadie es víctima en esto, pero pobre Gordo. Por lo menos 15 años enfrentando las tragedias y los errores junto a Maru Campos y no aprendió un carajo. Lo van a ir dejando solo, ya verá. Para él es mejor cantar. Que cante, que cante; como Pedro Infante o con la tonada que quiera, pero por su bien y por el bien de la República lo mejor sería que busque un criterio de oportunidad, se vuelva testigo protegido y que cante. Ya veremos. Pian pianito…

 

@paezvarela