Lunes, 04 Diciembre 2023 21:06

Amistad

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill

Palabras clave: Amistas, masculinidad, emociones, aislamiento.

Hace unos días falleció uno de mis mejores amigos. Su muerte me afectó bastante por numerosas razones; empero, quizá lo más importante y que me hace compartir esta entrega, es la manera en que nuestra amistad se llevó a cabo y cómo es que los hombres establecemos relaciones de amistad.

Conocí a mi amigo cuando entré a la universidad, hace ya una eternidad y fuimos colegas de correrías, fiesta, conciertos y hartas cosas más. Entre nosotros existió una comunicación, al menos por algún tiempo, con considerable franqueza sobre lo que vivíamos y lo que experimentamos.

Quizá el punto culmen fue cuando ambos nos divorciamos y, en una entrañable conversación, compartimos lo que sentíamos sin tapujos, sin cortapisas. En el inter, por cosas de estudio y trabajo -ambas cosas que me alejaron de mi natal Ciudad de México- nos distanciamos y nos vimos de manera esporádica por años.

En su momento me cuestioné sobre mi falta de contacto con él y me autoconvencí de que nuestra amistad no necesitaba de gran cosa, que bastaba una llamada esporádica, estar en contacto en los cumpleaños y vernos en una que otra reunión de amigos. Sin embargo, pese a que vi que su salud se deterioraba, no imaginé que el desenlace pudiera venir tan pronto.

Y así, de sopetón, a raíz de su muerte, me vino una tristeza proporcionalmente del tamaño del desapego en que vivimos él y yo en estos años. Me sentí fatal. Y me puse a pensar: ¿qué hacen los amigos?, ¿cómo se lleva una amistad? ¿En verdad es cosa de contactos esporádicos? Pues, por la forma en que me sentí, me quedó claro que no es así.

Tengo otros amigos a los que casi no veo, pero con los que tengo algo de comunicación en redes sociales (vía guats o Instagram) pero, como ya se imaginarán muchos de los que lean esto, nos la pasamos enviando memes y videos idiotas y esa es nuestra comunicación; con varios de ellos, cuando intento entablar una conversación seria, siempre contestan con monosílabos o simplemente eluden hablar del tema.

Se podría pensar: “es que entre hombres no nos debemos abrir a expresar lo que sentimos”. Bien, el patriarcado ha triunfado.

Y pregunto: en su grupo de amigos varones, ¿cuántas veces hablan en verdad de lo que sienten sin que medie una botella de licor para hacerlo? ¿Qué hacen con quien inicia la conversación?, ¿lo tildan de “mariquita” y se pitorrean de él?

No se hagan, estoy seguro de que ni hablan de sus emociones y también de que le cobran tributo al que lo hace pues pone seria la reunión o, de plano, la echa a perder. Pero entonces ¿para qué están los amigos?

Tania Esmeralda Rocha Sánchez en la Introducción al libro “La caracterización de las redes de amistad de varones jóvenes: su impacto en la violencia” (2010) coordinado por Ignacio Lozano Verduzco, Melissa Fernández Chagoya y Mauro Antonio Vargas Urías, afirma que lo “que destaca en la literatura es que las relaciones amistosas entre amigos hombres, aparentemente, tienden a presentar modos de interacción menos íntimos que las de las mujeres (Giles, 1985).

Estas diferencias están ligadas directamente con los roles y expectativas atribuidas de manera diferencial a hombres y a mujeres, bajo las cuales destaca una mayor restricción y control emocional por parte de los hombres, en la misma forma que predomina mayor permisividad hacia conductas afectivas en las mujeres (David & Brannon, 1975).

De hecho, en la medida en la cual los hombres se apegan a este tipo de expectativas vinculadas con el rol de género, presentan mayor inhibición en su forma de vincularse con los amigos. De acuerdo con la revisión realizada por Williams (1985), los hombres aún cuando refieren disfrutar de sus amistades y prefieren amigos hombres que mujeres, también refieren que sus relaciones se caracterizan por la ausencia de una autodivulgación recíproca, por no compartir sentimientos y por la ausencia también de otras demostraciones de cariño, aspectos que suelen ser más característicos en las relaciones de amistad que las mujeres establecen”.

Por tanto, de lo propio no se hablará, inclusive si nos encontramos enfermos o en una situación de ruptura sentimental, circunstancias aparentemente anómalas donde sí se juzgaría importante hablar. Pero tampoco lo hacemos con lo más cotidiano y la forma en que nos sentimos frente a ello. ¿Entonces de qué hablamos?

Bueno, tanto en reuniones de amigos, como en los grupos de guats se habla de mujeres -en términos usualmente misóginos-, de deportes y de motos o autos; en ocasiones, cuando la actividad laboral se comparte, se hablará del trabajo. Recientemente, el ataque o la defensa de la 4T y de AMLO han de gastar minutos valiosos.

¿Se habla en algún momento de algo trascendental? Puede ser, pero no es la generalidad. Por si ello fuera poco, el mundo moderno en que nos encontramos y gracias también a la pandemia, nos ha llevado a que nos aislemos cada vez más y que lleguemos a entablar amistades más efímeras, superficiales y mucho menos íntimas.

Según Salvador Cruz, en el Prefacio de la misma publicación, ante “el alejamiento de lo social, la búsqueda de privacidad y el cuidado de los asuntos personales, los individuos enfrentan sentimientos de soledad, vacío, fragmentación o desvalorización.

En otras palabras, ante un mundo social más amplio, los individuos presentan mayores dificultades para la sociabilidad. En este sentido, si bien las amistades se anhelan mucho, las condiciones existentes son adversas para su realización, lo que a su vez afecta de forma importante la vida personal y social de los individuos”.

No se necesita ser psicólogo para darse cuenta de que tal aislamiento, no sólo físico, sino emocional, es un mecanismo de defensa, lo mismo vinculado a nuestra construcción como sujetos patriarcales que a nuestros temores constantes de enfrentar la enfermedad, la tristeza o la ausencia.

El asunto puede conllevar aspectos serios como depresiones no identificadas ni atendidas y conductas poco deseables en una convivencia social; de igual manera, se tiende a que el esquema se vaya repitiendo con nuestros hijos, ya sea por el ejemplo o por enseñanza directa de nuestra parte. Justo es decir en este momento, que las relaciones de amistad entre varones también llevan con demasiada frecuencia contubernios patriarcales que ocultan violencias físicas y psicológicas ejercidas contra las mujeres a nuestro alrededor, como con otros hombres, aspecto en verdad terrible y que, en pleno siglo XXI, no solamente no ha desaparecido, sino que se vive con más fuerza.

Es tiempo de que pensemos cómo llevamos nuestras amistades y qué damos y obtenemos de ellas. Después de todo, además de nuestras relaciones familiares o afectivas, representan un vínculo fundamental para la convivencia humana.

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