La conmemoración de la Batalla de Puebla trasciende el ámbito histórico para consolidarse como un símbolo de identidad y cohesión social dentro y fuera de México.
Ya son 164 años desde aquel 5 de mayo 1862 en Puebla, en el que el ejército de Zaragoza pudo afirmar que “las armas nacionales se han cubierto de gloria”. Para explicar detalles de su origen y significado, el Mtro. Octavio Spíndola Zago, académico del Departamento de Ciencias Sociales de la IBERO Puebla, da un recorrido por este momento que es clave en la construcción del nacionalismo mexicano.
El especialista explicó que este episodio se consolidó como un referente simbólico a partir del periodo posrevolucionario, particularmente entre las décadas de 1920 y 1930. Fue entonces cuando comenzaron a institucionalizarse las celebraciones cívicas en la ciudad de Puebla, incluyendo desfiles militares en la zona de los fuertes, así como la participación de contingentes escolares y expresiones culturales como los combates florales.
El Dr. Spíndola Zago subraya que, de manera paradójica, una de las celebraciones más significativas del 5 de mayo ocurre fuera de México, particularmente en ciudades como Nueva York y Los Ángeles, donde comunidades migrantes, especialmente poblanas, han mantenido viva esta tradición como un vínculo con su lugar de origen.
Desde una perspectiva histórica más amplia, el académico contextualizó la Batalla de Puebla dentro de un escenario internacional complejo. En 1862, Estados Unidos atravesaba su guerra civil, mientras Francia buscaba expandir su influencia imperial en América Latina, en competencia con Reino Unido. A nivel nacional, México enfrentaba divisiones internas derivadas de conflictos entre liberales y conservadores.
En este contexto, figuras como Benito Juárez desempeñaron un papel clave en la defensa del país, al designar a Zaragoza al frente del Ejército de Oriente. Asimismo, destacó la participación estratégica de líderes militares como Porfirio Díaz, así como el apoyo de ejércitos serranos que fortalecieron la resistencia mexicana.
En este suceso, la influencia de actores internacionales en el conflicto fue particularmente especial. Napoleón III y Eugenia de Montijo respaldaron el proyecto intervencionista en México, impulsado en parte por sectores conservadores, e incluso tenían vínculos directos con José Manuel Hidalgo, uno de los conservadores más notables de México en su tiempo, que también comulgaba con la idea de una intervención en el territorio mexicano.
El historiador explica que la victoria mexicana en Puebla, lograda frente a uno de los ejércitos más poderosos de la época, representa un momento en el que “la historia se condensa”, al confluir factores nacionales e internacionales. Más allá de su dimensión militar, el 5 de mayo sigue siendo un símbolo vigente de resistencia, identidad y unidad para México y su diáspora.