La editorial escribe Jesús Olmos
Quizás el caso más anecdótico de socavamiento total de las libertades se dio en el Veracruz del troglodita Javier Duarte.
Y es que, durante su gobierno de diciembre de 2010 a noviembre de 2016, organizaciones de derechos humanos como ARTICLE 19 y Propuesta Cívica documentaron el asesinato de 18 periodistas en posible relación con su labor informativa.
El caso más anecdótico fue el del fotoperiodista Rubén Espinosa, que aunque fue perpetrado en la Ciudad de México, está directamente relacionado con el duartismo por las amplias y conocidas amenazas que recibió por su trabajo exhibiendo el más putrefacto comportamiento político del que se tenga memoria, que se extendió a todas las áreas del Gobierno ni perdonando tragedias, desastres naturales o crisis económica.
Sí, en los tiempos de Duarte y de su antecesor Fidel Herrera, se extinguieron los reporteros de nota roja, se dejó de reportar hasta los accidentes viales por temor a la furibunda campaña de acoso e intimidación.
No se hacían listas públicas, se hacían en la oscuridad, en donde se etiquetaba a las personas por su labor y sus opiniones, y se les avasallaba hasta buscar exterminarlos.
Duarte, un compañero de partido del ahora dirigente nacional Alejandro Moreno Cárdenas, que conoció de todo esto, pero guardó un muy conveniente silencio que también benefició al entonces presidente Enrique Peña Nieto.
@Olmosarcos_