Parabólica.MX escribe Fernando Maldonado
Hace cosa de dos semanas el presidente del Consejo Estatal de Morena, Andrés Villegas encontró ausencia de una figura con estatura política en el territorio estatal daba oportunidad a que las autoridades municipales que dimanan del partido en el poder daban rienda suelta a sus ocurrencias, pasiones, frivolidades y excentricidades.
La sola mención de casos como el de Acatlán de Osorio, con Guadalupe Bárcenas, impedida políticamente para negociar hasta con sus regidores, o el de Tehuacán, Alejandro Barroso, confrontado con amplios sectores sociales; y el de Chignahuapan, Juan Rivera, sujeto a una investigación en la Comisión de Honestidad y Justicia del Comité Ejecutivo Nacional fueron ejemplo suficiente para entender que el problema no era la oposición, sino la ausencia de acompañamiento en la toma de decisiones.
De último momento la Secretaría de Gobernación informó que la edil de la Mixteca entregó la cabeza de su mando policiaco. Que aún por saber si el sacrificio traerá una pausa a la revuelta en Acatlán.
No era la oposición a Morena, disminuida hasta casi la inexistencia. No era sólo un asunto de gobernabilidad, sino de responsabilidad política. Evitar que el desgaste político fuera aún mas pronunciado merced del ejercicio en el poder para mantener el bono democrático del que aún se refleja en diversos indicadores de opinión.
Propuso la instauración de una figura partidista itinerante que estuviera en las diversas regiones en el territorio para hacer lo que hacía falta: pulsar el ánimo de los habitantes respecto de sus autoridades fundamentalmente y dialogar con las diversas autoridades municipales sobre decisiones que inciden en ese estado anímico.
No se puede desdeñar un dato que en si mismo entraña la dimensión de un problema que podría alcanzar niveles de catástrofe política: Morena gobierno mas de 3.5 millones de habitantes en el estado de Puebla con ediles que postuló directamente el partido, sin tomar en consideración a los aliados, el Partido del Trabajo y el Verde.
La figura de Pablo Salazar Vicentello como coordinador de delegados en Morena obedece a esa lectura. Ciertamente ante los ojos del CEN del partido guinda, la figura es inexistente pero en la práctica, deberá jugar un papel central debido a la complejidad que se vive en cada uno de los microcosmos que supone la contrastante vida municipal.
Lo que se ha visto en las últimas semanas en Acatlán de Osorio, Teuhacán o Chignahuapan son casos que permiten un asomo de lo que no alcanza a conocerse ni a llegar a la esfera mediática de la capital. Especialmente en municipios apartados de la atención y el escrutinio público.
Salazar Vicentello deberá hacerla de bombrero, antes de que el fuego del enojo ciudadano alcance a consumir la aceptación que aún tiene ese partido en el contexto de la disputa electoral en 2017. Y deberá serlo en momentos en que la dirigente Olga Lucía Romero Garci-Crespo decidió dedicar todos sus esfuerzos para ser candidata a la presidencia municipal en Tehuacán.
@FerMaldonadoMX