Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado
La noticia no está solo dentro del consorcio Socorro Romero Sánchez, la empresa de mayor influencia en la región.
La llegada de Alfonso Celis Enecoiz a la presidencia del Consejo de Administración del consorcio avícola tiene una lectura mucho más amplia: puede convertirse en el primer signo de orden en una ciudad que ha visto como mal sana costumbre el desorden político.
Durante la última década, Tehuacán ha pasado de una decepción a otra. Primero Felipe Patjane, siguió Artemio Caballero, continuó Pedro Tepole y ahora Alejandro Barroso. Representan distintas etapas de un mismo problema: gobiernos emanados de Morena que no han logrado construir una relación seria, moderna y productiva con el sector empresarial.
La ciudad ha tenido política de sobra, pero muy poco proyecto. Por eso el movimiento en Socorro Romero Sánchez importa.
La estabilidad de esa empresa no solo le conviene a sus accionistas: Conviene a Tehuacán, a sus trabajadores; a los proveedores, transportistas, al comercio y a un ecosistema que depende, directa o indirectamente de que el consorcio deje atrás la incertidumbre.
Alfonso Celis llega en un momento clave. Su nombramiento puede marcar el cierre de una etapa de desgaste jurídico y familiar que durante años fue aprovechada por quienes vieron en la empresa una oportunidad patrimonial o política.
Entre esos frentes está el reclamo de Olga Lucía Romero Garci-Crespo, dirigente estatal de Morena. Ha sostenido tener derechos hereditarios sobre el legado de Socorro Romero Sánchez, aunque esos derechos permanecen controvertidos y no aparecen públicamente como una verdad jurídica definitiva.
Ese pleito no es menor. Cuando una dirigente política disputa una herencia vinculada con la empresa más importante de Tehuacán, el asunto deja de ser privado, como ha sido evidente y se vuelve en una señal de riesgo para el empresariado: si el poder puede rozar así a una compañía de ese tamaño, ¿qué puede esperar el resto?
Ahí es donde Alfonso Celis puede jugar un papel distinto. No como político, candidato o como un personaje de coyuntura, sino como un sólido interlocutor empresarial.
Sus acercamientos con el gobierno del estado, la unidad que ha construido hacia dentro de su familia y las conversaciones con empresarios de la región permiten ver una posibilidad nueva: que el sector privado de Tehuacán vuelva a hablar, a incidir y vuelva a sentarse frente al poder sin miedo, con seriedad y confianza.
Eso es lo que la región necesita. Hombres de empresa que impulsen desarrollo, no que se deban escondan.
Un gobierno que escuche, no que intimide; que se propicie la inversión sin pleitos; sólidos proyectos y menos grilla.
Tehuacán no puede seguir atrapado entre administraciones municipales mediocres y grupos que solo entienden la política como herramienta para cobrar intereses personales.
La llegada de Alfonso Celis a Socorro Romero Sánchez puede abrir una ventana distinta: una etapa donde la empresa más grande de la región sea también punto de equilibrio, puente con el gobierno estatal y referencia para que otros empresarios participen en la vida pública sin recelos ni fesconfianzas.
Tehuacán no necesita más políticos de medio pelo, sino liderazgos que produzcan, inviertan, dialoguen y construyan.
Paradójicamente esa señal no viene del palacio municipal, por donde han desfilado personajes menores. Viene desde la empresa.
@FerMaldonadoMX