Parabólica.MX escribe Fernando Maldonado
El mundo arde, pero TV Azteca Puebla puso en el foco de su línea editorial el costo del calzado del coordinador del Gabinete en Puebla, José Luis García Parra.
En una pieza difundida en sus medios, televisión abierta y redes sociales, descansó su contenido en una larga enumeración de lugares comunes: el pueblo pobre frente al gobierno rico es inadmisibles, dice palabras más, palabras menos, el reportero detrás de la voz off con un sonsonete que recuerda más al vendedor de colchones baratos en la feria de barrio que al periodista sobrio que busca generar conciencia.
*Es el ejemplo vívido del fracaso de un modelo de negocio que por años le funcionó al dueño de la televisora, Ricardo Salinas Pliego, que presionó gobiernos a instituciones para obtener contratos para sus empresas en diversos giros.
Ese mismo esquema de presión que mucho asemeja a la vulgar extorsión es reproducido como receta en sus filiales en los estados del país en donde continúan operando para financiar operaciones con márgenes cada vez más acotados dado en oneroso tributo que antes deben entregar al corporativo.
La llegada del streaming y la fragmentación de las audiencias que encuentran mayor atractivo en las diversas redes sociales aunado a la alta politización puso en una encrucijada a la televisora del Ajusco y las televisoras locales.
De acuerdo con la revista especializada en negocios y finanzas, Expansión, la precarización de las finanzas de TV Azteca a partir de los recortes en los presupuestos publicitarios y el pago de la deuda al Servicio de Administración Tributario que supera los 53 mil millones de pesos que deberán ser cubiertos en este mes de enero, llevó a la desacreditación financiera, la baja en las calificaciones de las corredurías, además de la caída de las audiencias.
Los ejecutivos de Azteca y quienes deciden desde la mesa de redacción son los únicos que parecen vivir una realidad paralela, posverdad que apuesta a una agenda propia para obtener dividendos económicos.
Mucho ha cambiado el momento en el que el equipo cercano al gobernador Alejandro Armenta era blanco de todo tipo de dardos envenenados; desde la precampaña para obtener la nominación hasta la competencia constitucional, el contexto es diametralmente distinto.
La agenda política se sacudió en el inicio de 2026. Desde el fuerte sismo del día 1 de enero en el estado de Guerrero con secuelas en el centro del país, hasta la intromisión militar del gobierno de Donald Trump en Venezuela para llevar a juicio a Nicolás Maduro a un tribunal de Nueva York, todo ha sido trepidante.
La oferta noticiosa de la televisora de Ricardo Salinas apunta en otra dirección. No hay ya vestigios de la alianza que antes tejió con el gobierno de Puebla como tampoco la habrá con el gobierno de la República.
La guerra del Grupo Salinas no es por la libertad ni para poner en tela de juicio las imperfecciones que, de suyo, existen en los grupos de poder, sino por obtener dinero para sobrevivir frente a una crisis que viene de hace años.
Ya sin credibilidad alguna ni aliados en el poder, México está por ver el naufragio de un grupo empresarial que prefirió ver los zapatos de un funcionario en lugar de comenzar a reconstruir la credibilidad ausente.
@FerMaldonadoMX