Parabólica.MX escribe Fernando Maldinado
Es probable que el único panista que aparece públicamente en fotografías con dos personajes a quienes luego se les acusó formalmente de tener vínculos con el narco sea el ex edil de Puebla, Eduardo Rivera Pérez. No es una acusación, pero si una metáfora inquietante: hasta dónde han podido llegar los tentáculos de la delincuencia organizada.
Desde luego el panista no podía saber que sus fugaces acompañantes de escena se convertirían en el foco de la atención judicial merced de sus presuntas actividades relacionadas con dos poderosas agrupaciones criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa.
Primero fue con Tania Trejo, a quien nombró coordinadora de Normatividad en el gobierno municipal que presidió por segunda ocasión a partir de 2021. La funcionaria aquella que había hecho trabajo partidista en el PRI fue detenida en mayo de 2024, siendo candidata a una diputación local, en un operativo de la Marina.
Trejo apareció en múltiples ocasiones al lado del edil de entonces, así como con la mayoría de la clase política poblana, sobre todo en el PAN y en el PRI. Fue acusada de participar en una célula al servicio del Cártel Jalisco Nueva Generación, aún se encuentra sujeta a proceso penal y posee la condición de diputada suplente por el PRI.
En la coyuntura actual, en medio del escándalo por la solicitud de captura y extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya por parte de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, junto a otros personajes de aquel estado, aparece el nombre de quien en Puebla fue comandante de la XXV Zona Militar, el General de Brigada Diplomado de Estado Mayor, Gerardo Mérida Sánchez.
“Mi admiración y respeto al Ejército Mexicano (…) Es importante el trabajo coordinado para #CorregirElRumbo de Puebla”, se lee en el post de Rivera Pérez el 31 de agosto de 2021 y así como con el ex edil capitalino, el mando militar incluido en la lista del gobierno de Estados Unidos, aparece con el gobernador de la época, Luis Miguel Barbosa a quien se le recuerda por un áspero discurso contra los opositores políticos y contra los cárteles de la droga.
El enemigo estaba en casa. Si.
De acuerdo con la acusación dirigida por el Departamento de Estado del vecino del norte, el ex comandante de la zona militar en Puebla “recibió sobornos de los Chapitos” (Iván Archivaldo Guzmán Salazar, Jesús Alfredo Guzmán Salazar y Ovidio Guzmán López), los hijos del legendario narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, El Chapo.
A cambio de los sobornos, dice el documento, proporcionó notificaciones previas de las redadas de las autoridades del orden público en los laboratorios de drogas para que los Chapitos pudieran trasladarse a otros puntos. El General de Brigada era el de los pitazos para evitar que los narcolaborarios fueran destruidos.
En Puebla la tierra en donde alguna vez se dijo que los eventos delictivos eran casos aislados, la actividad delictiva se volvió norma. No existe un actor de relevancia en la escena pública que escape al imaginario en el que habita la sombra del narcotráfico, las bandas de secuestradores o huachicoleros.
La estancia en Puebla del mando militar a quien se le entregó la XXV Zona Militar no estaría en la lista de los solicitados por Estados Unidos de no haber elementos probatorios. La teoría de la existencia de una causa política para desprestigiar al gobierno de Sinaloa o al Estado Mexicano parece improbable.
Pero el golpe político a la Cuarta Transformación está dado. No llegó de la oposición, sino del gobierno de un país que es, además, el principal socio comercial. Los opositores al proyecto político en el mando en este país ya olieron sangre, aunque también hayan sido salpicados.
@FerMaldonadoMX