Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado
La priista poblana Xitlálic Ceja García no se habría convertido en la figura nacional que hoy es si no hubiesen sucedido un conjunto de acontecimientos fortuitos hasta verse de frente al escudo del partido Movimiento Ciudadano con una jarra de agua en la mano derecha, junto con Carlos Gutiérrez Mancilla, porro de Alejandro Moreno Cárdenas, líder nacional priista.
El martes 20 la diputada federal atendía a una comisión de personas que la habían buscado para conseguir apoyo en la Cafetería Los Volcanes, ubicado en el edificio G del complejo arquitectónico en la antigua estación de trenes de San Lázaro.
Esa agenda se desahogaba casi en paralelo a la visita del líder nacional del partido naranja, Jorge Álvarez Máynez que estaba de visita a su grupo parlamentario, a cuya cabeza se encuentra la yucateca Ivonne Ortega Pacheco. La urgencia era manifiesta pues una coyuntura social lo puso ahí.
Como telón de fondo, la crisis hídrica que padecen los habitantes de la zona metropolitana de Guadalajara que trajo como consecuencia la repulsa social de los diferentes estratos sociales de la región, incluyendo quienes habitan la colonia Americana, de alta plusvalía y que propició un zafarrancho a las afueras del inmueble en donde duerme el gobernador emecista, Pablo Lemus.
Álvarez Máynez y Ortega Pacheco harían su parte ayudar a la solución para la que el gobierno federal ofreció inyectar el dinero necesario. Todo bien hasta que apareció Gutiérrez Mancilla y un equipo que asesora a Alito Moreno para provocar a los naranjas hasta llegar a los golpes y los insultos.
En medio de la gritería, los improperios y empujones, caminos a las oficinas del grupo legislativo naranja, en el tercer piso del Edificio F, apareció la poblana a quien la turba priista entregó una jarra con agua presumiblemente sucia para cumplir con la encomienda que salió desde las oficinas de Insurgentes Sur.
Lo que vino después y que inundó las redes sociales y la comentocracia nacional fue a un conjunto vociferante frente al escudo del Movimiento Naranja. Arrojaron agua que se dijo, era agua sucia sin serlo, pues lo que el grupo provocador tricolor consiguió fue agua de tamarindo para montar un espectáculo que encontró la condena general.
Xitlálic Ceja fue quizás la única persona que formó parte de esa ofensiva contra los naranjas en regresar a remediar el agravia con jerga en mano, pero el daño a la imagen de la clase política, especialmente la de los priistas, ya se había profundizado porque el eco de los insultos dominó la conversación.
El ruido ensordecedor predominó en lo días subsecuentes. Imposible conceder espacio al análisis sobre el propósito ulterior de esa iniciativa que salió de la oficina del líder priista. El agua de tamarindo que escurrió sobre el escudo emecista y las descalificaciones quedó en el imaginario y la viralización digital.
Xitlálic Ceja, integrante de una de las bancadas con menor número de legisladores con apenas 37, comenzará esta semana un carrusel de medios nacionales que encontraron al único perfil femenino en la trinchera de los priistas con el atractivo periodístico para contar su historia. Será su momento.
@FerMaldonadoMX