Jat escribe por Jatzume Hernández Romero
Y las más acosadas por el humano
Las criaturas más pequeñas sostienen la vida, mientras la especie que presume inteligencia destruye aquello que la mantiene viva.
¿Cuántas veces no hemos escuchado: “Ay, esa abeja me va a picar”? Pero la realidad es que son de los seres más extraordinarios del planeta.
¿Ustedes sabían que las abejas nunca se acuestan ni cierran los ojos? Sí tienen periodos de descanso; durante esos momentos permanecen quietas y disminuyen muchísimo su actividad, especialmente por la noche. Son unas verdaderas cracks para el trabajo.
Además, las obreras viven muy poco. En temporadas de trabajo intenso, una abeja suele vivir entre cinco y seis semanas, a diferencia de la abeja reina, que puede vivir durante años.
Y hablando de la reina, es cuidada como toda una celebridad, pues las obreras la alimentan, limpian y protegen en todo momento. Incluso forman círculos alrededor de ella para mantenerla calientita y segura, ya que de ella depende la vida de todo el panal: puede poner hasta dos mil huevos al día.
Esto sin mencionar que las abejas pueden reconocer rostros humanos y comunicarse por medio de bailes para indicar a otras dónde encontraron flores y a qué distancia se encuentran. Gracias a ello, más tarde elaborarán esa deliciosa miel.
Por cierto, hablando de miel, ¿sabían que técnicamente es vómito? Sí, las abejas recolectan el néctar y lo guardan en un estómago especial, el cual después regurgitan dentro de la colmena. Ahí, otras abejas lo procesan hasta convertirlo en la miel que conocemos. Por eso este alimento es tan duradero: la miel pura prácticamente nunca se echa a perder.
Y como último dato, una sola abeja produce aproximadamente una cucharadita de miel durante toda su vida, por lo que reunir un litro de este delicioso alimento realmente es oro puro.
Sin embargo, la depredación humana y el consumo sin límites han provocado que el hábitat de estas criaturas desaparezca de manera agresiva. Esto, sin contar la poca información que existe sobre estos hermosos insectos, ha disminuido la población de algunas especies y, en otros casos, las ha llevado al peligro de extinción.
Los factores más preocupantes son el uso de pesticidas y químicos agrícolas, la pérdida de flores y hábitats, el cambio climático, las enfermedades y parásitos, la contaminación y los enormes campos de monocultivo, como los de maíz.
Y hasta ahora que vemos los riesgos que conlleva la desaparición de las abejas, la humanidad comienza a reaccionar. ¿Por qué el ser humano solo reacciona cuando algo está a punto de desaparecer?
¿Creemos que la tecnología puede reemplazar a la naturaleza? Porque no es así. Las grandes industrias solo ven dinero a su paso, sin pensar ni planear el futuro que dejamos. Grandes empresas plantan palma para obtener aceite porque es más barato y útil, pero después dejan sin alimento a miles de animales que dependían de la fauna original del lugar.
En las ciudades quitamos parques, árboles y plantas, dejando sin alimento a las abejas, sin mencionar que muchas veces las matamos por miedo o desinformación. ¿Qué otras cosas indispensables estamos dejando morir? La empatía, la comunidad, la paciencia, la humanidad…
Quizá las abejas nunca estuvieron realmente en peligro por sí solas; quizá los que estamos en peligro somos nosotros mismos.
Así que, a todos los lectores de esta pequeña columna, les pido algo simple: seamos empáticos, pongamos algunas flores, no las matemos y cuidémoslas, porque al hacerlo también estaremos cuidando nuestro futuro.
@Jatzume1