La historia no es como nos la cuentan

La historia no es como nos la cuentan
Jatzume Hernández de García
Jat escribe

Jat escribe por Jatzume Hernández Romero

La batalla del 5 de mayo, no es como nos lo contaron

¿Cuántas veces no hemos escuchado, e incluso alabado, a todos los personajes implícitos en la famosa batalla del 5 de mayo?

Pero la realidad es que a los mexicanos no nos gusta perder, y esto se refleja claramente en la construcción de nuestra historia. Muchas veces, lo que se nos cuenta no ocurrió exactamente así; y no se trata de que esté bien o mal, sino de que la historia se construye a partir de contextos sociales.

El 5 de mayo de 1862, Puebla fue atacada por el ejército francés, cuyos soldados —en muchos casos— ni siquiera sabían con exactitud a quiénes se enfrentarían.

Por otra parte, estaban los mexicanos, cansados de constantes guerras internas y de diversos intentos de intervención extranjera por parte de países como Estados Unidos, España e Inglaterra, lo que había dejado al país en una profunda crisis en todos los sentidos.

Al mando del país se encontraba Benito Juárez, quien no representaba una figura militar imponente; mientras que el ejército mexicano estaba dirigido por el general Ignacio Zaragoza.

Los franceses ya se habían establecido en el puerto de Veracruz, el cual tomaron con relativa facilidad, asegurando así el suministro constante de armas, municiones y alimentos.

Sin embargo, Puebla era un punto estratégico clave para avanzar hacia la Ciudad de México, por lo que su control resultaba fundamental. El ejército mexicano ya los esperaba, resistiendo principalmente desde el fuerte de Guadalupe.

Previo a la batalla, el ejército mexicano convocó a la población civil a unirse a la lucha, sin importar su experiencia. Esto llevó a que numerosos pobladores se integraran, muchos de ellos sin uniforme e incluso sin armas, debido a la falta de recursos en un país prácticamente en ruinas.

Uno de los testigos más claros fue el pintor Patricio Ramos Ortega, quien plasmó estos hechos en una obra que más tarde se volvería representativa de la batalla, donde él mismo se retrata con los brazos en alto y vistiendo ropa común de color marrón.

Al comenzar la batalla, diversos relatos franceses describen que parecía que los mexicanos “salían de la tierra”. Esto se debía a que, al conocer el terreno, podían ocultarse entre los magueyes y aprovechar el entorno a su favor. A pesar de contar con armamento limitado, como machetes y piedras esta estrategia, sumada al clima, dificultó considerablemente el avance del ejército francés.

Esto llevó a una victoria mexicana que, aunque significativa, fue momentánea. Si bien el ejército logró contener a los franceses durante varias horas y obligarlos a retirarse, no contaban con los recursos necesarios para expulsarlos definitivamente del país. Agotados y sin suministros suficientes, solo pudieron observar cómo el enemigo se reorganizaba durante un año en el cerro de Amalucan. 

Estos hechos fueron clave para que, al año siguiente, en 1863, el ejército francés regresara mejor preparado y, tras sitiar Puebla durante tres meses, lograra su objetivo, debilitando severamente la resistencia mexicana.

Cabe destacar que, para entonces, el general Zaragoza ya había fallecido de tuberculosis, por lo que no participó en esa segunda etapa del conflicto. Y que, durante la batalla del 5 de mayo, el general no estuvo en batalla, ya que estaba resguardado en un cuartel dando instrucciones a la distancia por medio de un telégrafo. 

Tras la caída de la capital, se instauró el Segundo Imperio Mexicano, encabezado por Maximiliano de Habsburgo, quien, contrario a la idea generalizada, impulsó diversas medidas de corte liberal, como mejoras en educación y derechos sociales. Sin embargo, su gobierno enfrentó una fuerte oposición, lo que eventualmente llevó a su caída.

La batalla del 5 de mayo no solo representa una victoria militar, sino también un símbolo construido a partir de la identidad, la resistencia y la necesidad de creer en triunfos propios. Más allá del resultado inmediato, lo verdaderamente relevante es cómo estos hechos se transforman en narrativa colectiva, recordándonos que la historia no solo se vive, también se interpreta. Entenderla con matices no le resta valor; al contrario, nos permite reconocer que incluso en las victorias momentáneas hay complejidad, contexto y humanidad.

 

@Jatzume1