"Todo cool” + sonrisa sin dientes = no estoy bien

"Todo cool” + sonrisa sin dientes = no estoy bien
Jatzume Hernández de García
Jat escribe

Por: Jatzume Hernández 

No romanticemos el estar mal

Para todos los lectores a los que les llegó este escrito, quiero hacerles una pregunta: ¿por qué creemos que sentirse tristes es algo normal e incluso bonito? ¿Por qué pensamos que disfrazar nuestras emociones —o ni siquiera permitirnos caer— es lo correcto?

Hoy en día, tanto para hombres como para mujeres, mostrar que no siempre estamos bien parece casi imposible. Decir que tenemos problemas, que hay días en los que no hay ganas ni de levantarse de la cama, que incluso dar un paso se siente agotador, o que el dolor en el pecho es tan intenso que cuesta respirar… sigue siendo algo que se esconde. En su lugar, levantamos apenas la cabeza y dibujamos una sonrisa entrecortada: una máscara para evitar la confrontación.

Esta acción se repite más de lo que debería. Se utiliza para demostrar ante la sociedad una falsa fortaleza, como si ser “invencibles” fuera un requisito. Porque, al parecer, el “más débil” es el primero en caer… ¿pero en qué juego?, ¿quién puso las reglas? Nadie lo sabe con certeza.

El psicólogo Hayes introduce el concepto de evitación experiencial, que no es más que la tendencia a evitar pensamientos, emociones o recuerdos desagradables, incluso cuando hacerlo termina generando más daño a largo plazo. Es decir, no evitamos el dolor, evitamos sentirlo.

Por su parte, el doctor Felipe Patrón Espinosa explica que esta evitación funciona como una dimensión presente en distintos trastornos psicológicos. Aparece en momentos de ansiedad, depresión o catastrofismo, y suele llevar a pensamientos repetitivos que giran en círculos sin encontrar una salida clara.

Así, la evitación no es un hecho aislado, sino un patrón que sostiene muchos otros problemas. Frases como “todo bien”, “todo cool”, o incluso el uso del humor exagerado para minimizar lo que duele, son formas de encubrir este proceso.

Además, la evitación funciona mediante refuerzo negativo: evitas → sientes alivio → repites el patrón. Lo que parece una solución inmediata se convierte en un ciclo constante: malestar → evitación → alivio → más evitación.

A largo plazo, este mecanismo no desaparece; al contrario, se intensifica. Genera más ansiedad, más estrés y pensamientos intrusivos. Limita nuestras experiencias, nuestras decisiones y, poco a poco, afecta nuestras relaciones, nuestra identidad y nuestro crecimiento personal.

Para concluir, me gustaría decir que sentirse mal también es normal. Enfrentar situaciones dolorosas no es sencillo, pero es parte del proceso. Porque no evitamos lo que duele, evitamos lo que no sabemos cómo sostener. Y en ese intento de huir, la evitación se convierte en una forma silenciosa de quedarnos estancados.

Pedir ayuda no debería ser la excepción.

Pedir ayuda, es normal.

 

@Jatzume1