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Lunes, 21 Septiembre 2026 21:10

La raíz

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill 

Palabras clave: machismo, feminicidi@, violenci@, prevención, patriarcado    

Hace unos días, la DW (Televisión Alemana) organizó un panel para analizar el problema de los feminicidios que han aquejado recientemente a la Universidad Autónoma de Morelos. A raíz de la muerte de la alumna española de intercambio, Claudia Tacoronte, el asunto llamó la atención de los medios internacionales, incluida la DW, lo que ha puesto al gobierno de Morelos, en particular y al Federal en general, en un embrollo nada deseable. En el panel, donde participaron la periodista española Irene Baños Ruiz, desde el estado de Morelos y Maïssa Hubert, subdirectora de la organización “Equis Justicia Para las Mujeres”, junto a la conductora y periodista Nicole Geisse Dirsch, se exhibieron los problemas estructurales que hacen que este delito no se persiga como debe ser y que la justicia rara vez llegue a las víctimas y sus familias. Enfatizaron la deficiente persecución del delito desde la investigación y la integración de los casos, así como la inoperante impartición de justicia. De igual manera, la falta de presupuestos pertinentes para las instancias correspondientes y la carencia de una legislación general sobre el delito -cada estado lo tipifica y lo castiga de formas diferentes. Las y los que estamos interesados y preocupados por el tema sabemos de esas necesidades y, por mi parte, celebro que estos foros tomen estos temas lo que permite que haya una cierta presión para que los gobiernos se tomen en serio estas problemáticas. Sin embargo, es justo puntualizar algunos aspectos que no se tocaron en el panel o que fueron apenas esbozados.

Primero que nada, se dijo que tuvo que haber una víctima española para que la prensa internacional se fijara en el tema y para que las autoridades actuaran para detener al culpable. No se equivocan y eso es terrible. Queda la sensación, por incómoda que resulte, de que importa más una vida extranjera que una nacional; empero, de alguna manera el tema se centró en la región como si en otras partes del mundo eso no sucediera. Y sí, sé por experiencia, que en Europa se nos ve como sociedades primitivas y salvajes, donde la violencia alcanza niveles de folclore e incluso, se convierte en parte del atractivo turístico. Pero no nos engañemos, el flagelo de la violencia de género y su expresión más abyecta, el feminicidio, es mundial. También en Europa se violenta y se mata a las mujeres por el hecho mismo de serlo; también allá se ejerce el poder machista. Y eso me lleva al siguiente punto. Apenas, al final del panel, se habla de la prevención. Pero, como suele suceder cuando se aborda el tema, las propuestas son poco claras. Se enfatizó la inoperancia del Estado en general para hacerse cargo del delito, pero en ningún momento se habló del pacto patriarcal. Me queda claro que puede existir una legislación ejemplar -que lo es- y se puede eficientar en el papel la investigación y la persecución del delito. Pero si no se trabaja con el origen del problema, que es el patriarcado, seguirán existiendo los violentadores, los feminicidas, y sus cómplices, tanto en la familia y amistades que los protegen, como en las fiscalías y el sistema judicial que no trabajan en verdad con perspectiva de género pues ni están convencidos de la legitimidad de la tipificación de ese delito, ni de su persecución. Llanamente, si todo el entorno social piensa que la mujer se buscó el ser violentada y asesinada, entonces se lo merece y no hay nada que perseguir, tan sórdido como suena.

Es con demasiada frecuencia que activistas, periodistas y académic@s critiquen sistemas y estructuras, pero no trabajen en la raíz del problema, que son las familias, los grupos sociales, las iglesias, los clubes, medios de comunicación y un largo etcétera, que es donde se reproducen los códigos, discursos y prácticas patriarcales que permiten que el delito perviva. Por otro lado, siempre se ha trabajado con las mujeres, con sus derechos y sus luchas, cosa que ha permitido que hoy tengamos sociedades más equitativas. Pero ¿quién trabaja con los hombres? Y no lo pregunto con un discurso machósfero de medio pelo, berrinchudo y pernicioso. Lo digo porque es una realidad. Si no se trabaja directamente con los hombres para hacerles ver sus machismos y trascender siglos y siglos de educación machista, no podremos avanzar de ninguna manera. Y, dicho de paso, si no combatimos la machósfera, grupúsculo cuasi facineroso de machitos de ultraderecha que sí le está hablando a los varones, en especial a los jóvenes, no lograremos nada. Y qué decir del castigo y la reinserción de aquellos sentenciados por estos delitos. ¿En verdad eso existe? No basta con perseguir, castigar y encerrar. Es crucial que ataquemos el problema desde su origen, que asumamos que formamos parte de sociedades patriarcales que se resisten por todos los medios a desmantelarse y de las que el feminicidio es la estrategia más fuerte, escandalosa y, por terrible que suene, efectiva. Si no se ataca la raíz, el problema seguirá existiendo y, mucho me temo que, gracias al avance de las ultraderechas, crecerá.                  

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Antonio Abascal

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