Los sucesos de Puebla escribe Yazmín Curiel
Hace once años, denunciar violencia familiar, sexual o cualquier agresión contra una mujer era una auténtica carrera de obstáculos. Muchas preferían callar y continuar soportando el maltrato antes que enfrentarse a horas de espera en un Ministerio Público, donde la atención tardaba y los procesos parecían interminables.
Lo escribo desde la experiencia propia. Hace once años presenté una denuncia por amenazas contra quien entonces era mi pareja sentimental, el mismo hombre que intentó obligarme a interrumpir un embarazo al que me negué. Recuerdo la incertidumbre, el miedo y la sensación de enfrentarme a un sistema que parecía más dispuesto a desgastar a las víctimas que a protegerlas, aunque afortunadamente conté con una gran red de apoyo.
Todos esos recuerdos regresaron cuando recorrí uno de los Centros Libre-Carmen Serdán. Ahí confirmé que la atención a las mujeres víctimas de violencia ya no se limita a levantar una denuncia. Desde el momento en que cruzan la puerta reciben acompañamiento jurídico, psicológico y médico, además de talleres y actividades encaminadas a reconstruir su autoestima y fortalecer su independencia económica.
*Los números hablan por sí solos. Tan solo en la Casa Carmen Serdán de Amozoc, inaugurada en marzo de 2025, más de cuatro mil personas han recibido atención psicológica, jurídica, médica y de trabajo social; otras tres mil 404 fueron atendidas por la Fiscalía, mientras que 59 mujeres y menores encontraron refugio temporal. A ello se suman cuatro mil 333 personas que han participado en talleres de empoderamiento, autoempleo, recreación y formación básica.*
Detrás de esas cifras hay algo más profundo: el intento de romper el círculo de la violencia. Cursos de peluquería, barbería, alfabetización, aplicación de uñas y pestañas, manualidades, karate o zumba forman parte de una estrategia que busca que muchas mujeres generen ingresos propios y dejen de depender económicamente de sus agresores.
Aunque estos espacios fueron creados para atender principalmente a mujeres, también han llegado hombres víctimas de violencia. Son pocos los casos, pero existen. Además, niñas, niños y adolescentes reciben atención por violencia familiar, física o sexual.
Durante el recorrido observé el trabajo que se realiza desde la recepción, el área jurídica y el acompañamiento psicológico. Vi talleres llenos de mujeres y menores que, después de atravesar situaciones profundamente dolorosas, intentan reconstruir sus vidas y recuperar la tranquilidad que alguna vez les fue arrebatada.
No se trata de echar flores ni de aplaudir por compromiso. Tampoco de afirmar que el problema está resuelto. La violencia contra las mujeres sigue siendo una de las heridas más profundas de nuestra sociedad y ninguna política pública, por sí sola, acabará con décadas de desigualdad, miedo y silencio.
*Sin embargo, también es necesario reconocer cuando una estrategia funciona y transforma vidas. Las 24 Casas Carmen Serdán representan, quizá, una de las acciones más relevantes impulsadas por la administración estatal que encabeza Alejandro Armenta Mier, no solo porque ofrecen protección inmediata, sino porque buscan devolverles a las víctimas algo que muchas veces pierden en el camino: la confianza para empezar de nuevo.*
Porque detrás de cada expediente hay una historia. Detrás de cada denuncia existe una mujer que decidió romper el silencio, enfrentar el miedo y pedir ayuda. Y detrás de cada mujer que logra salir de un círculo de violencia hay una nueva oportunidad.
*Ninguna mujer debería sentirse sola al momento de denunciar. Pedir ayuda no tendría que ser un acto extraordinario de valentía, sino un derecho garantizado. Y si una sola mujer logra recuperar su libertad, reconstruir su vida y volver a sonreír, entonces el esfuerzo habrá valido la pena.*
Nos leemos pronto y los invito a que me sigan en @yazcurinoticias y @sucesospuebla