Enorme, generoso, pusilánime

Enorme, generoso, pusilánime
Alejandro Páez Varela
Historias de unos días

Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela 

La pasada noche del 15 de septiembre, en Monterrey, Dante Delgado y Alberto Anaya se dejaron ver mientras paseaban por el Palacio de Gobierno estatal. El líder eterno del Partido del Trabajo se ha alejado de la 4T en los últimos pocos meses y ha regresado a Movimiento Ciudadano, un partido de oportunistas especializado en capitalizar inconformidades y leer coyunturas locales. Los dos dirigentes paseaban por los terrenos de Samuel García porque seguramente están calculando su eventual alianza. No sería raro. El PT no es de izquierda ni de derecha: está donde huela a manteca y queso. MC ha caminado hacia la derecha y eso no es problema para Anaya. Y juntos han estado en el pasado, y bien pueden repetir.

En 2006 y 2012, Anaya y Dante apoyaron la campaña de Andrés Manuel López Obrador y luego se separaron, al menos ante el ojo público. Pero los dos son muy parecidos: controlan sus partidos desde su nacimiento y vienen de las cloacas del salinismo. Dante fue Gobernador sustituto de Veracruz para que el policía represor Fernando Gutiérrez Barrios se fuera como titular de la Secretaría de Gobernación; a Anaya le dieron su partido de supuesta izquierda en esos mismos años para que incorporara a distintos movimientos urbanos del norte de México que Raúl y Carlos Salinas de Gortari querían controlar. Dante fue a prisión durante las purgas paranoicas de Ernesto Zedillo y Anaya simplemente se acomodó al nuevo curso de las aguas.

Anaya y Dante son, pues, mucho más que dos. Hechos en la vieja política, han sabido parasitar del presupuesto durante poco menos de medio siglo. Han sorteado gobiernos de todos los colores con acuerdos clandestinos o abiertos. Se hicieron viejos viéndose a los ojos y siguen operando juntos. Un ejemplo reciente está en Veracruz. Apenas en 2025, el PT traicionó a Morena, impulsó sus candidatos haciéndose pasar por “lopezobradorista” y de tres alcaldías que gobernaba, llegó ¡a 30! De una votación de cuatro por ciento brincó hasta ¡más del 16 por ciento! Lo mismo hizo MC en ese mismo estado: operando contra Morena, se convirtió en la segunda fuerza política con 41 alcaldías, incluyendo Poza Rica y Papantla. ¿Se ayudaron en esa elección? Sí: no estorbándose. Fueron astutos y cuidadosos y, sobre todo, no presumieron los logros.

Astutos, cuidadosos y discretos. Con esa actitud se puede vivir de Morena sin tener que cumplir las reglas de Morena ni plegarse a lo que te diga Morena. Discreción. Un ejemplo notable es Ricardo Monreal, el gran amigo de Anaya y de Dante. Te puedes aprovechar de Morena, pero que no te vean cuando te rías. No provoques al enorme animal generoso porque si lo provocas, como no conoce su propia fuerza, hasta de un coletazo te derrumba. Y si cumples y si entiendes las reglas, se puede vivir bien del bondadoso animal que es Morena. Le puedes corromper la entraña, cortarle un dedo, arrancarle una oreja; pero si le sonríes a la persona adecuada, no pasa nada.

Ah, y que no se metan con tu caja chica. La regla de los parásitos es reaccionar de inmediato. Si Morena se hubiera atrevido en 2027 a tocar el feudo (Zacatecas) de Ricardo Monreal (simplemente respetando las encuestas), lo tendría amenazando y llorando por los rincones, preparando un golpe de deslealtad. El generoso animal se volteó hacia otro lado y listo. Todos contentos, menos los votantes, claro. Pero con Zacatecas fue tan cómodo como ver el bache y darle la vuelta aunque traigas asfalto, palas y aplanadora en la cajuela. Administras el problema. Le das largas.

El PT siempre fue un máquina de hacer dinero y en los últimos años ha resistido golpes que considera bajos. Por eso dijo NO dos veces a dos iniciativas presidenciales que le tocaban el dinero. Su gran negocio han sido los Centros de Desarrollo Infantil (Cendi), vinculados directamente a la esposa de Anaya, la poderosa Guadalupe Rodríguez. Ella y él han sido acusados durante años de manejo turbio de miles de millones de pesos que le han entregado gobiernos federales y locales de PRI, PAN, Movimiento Ciudadano, PRD y, por supuesto, Morena. Pero desde López Obrador, esas transferencias han disminuido. Por eso Anaya ha pasado de ser cuidadoso y discreto a la fase dos: ser como Ricardo Monreal: amenazante. Toca el chantaje. Y chantajear a Morena, es curioso, puede ser una tarea relativamente fácil si se sabe cómo hacerlo.

La noche del 15 de septiembre, en Monterrey, Alberto Anaya se paseaba triste junto a Dante. Igualito que aquél triste Monreal que en 2018 quería ser Jefe de Gobierno, cuando la candidatura fue para Claudia Sheinbaum, ¿recuerdan? ¿Recuerdan cómo Monreal decía que eran “momentos tristes”, “de reflexión”? Chantajeaba. Anaya igual, ocho años después. Todo mundo sabe que Dante es su amigo y le ayudará con el chantaje.

La 4T es relativamente fácil de chantajear. Gran parte de la familia de Monreal está en su nómina, por ejemplo. La tristeza del cacique mayor se cura con nómina. En esa lógica, claro, Anaya podría preguntarse por qué le quitan sus miles de millones, por qué no le dan más candidaturas y por qué lo maltratan. Y hay dos sopas: o le dan esas candidaturas o le dan dinero.

¿Y saben qué? Es altamente probable que Morena le dé lo que está pidiendo. Ese enorme y generoso animal puede ser, muchas veces, absurdo y pusilánime.

No voy a extenderme con ejemplos sobre la deslealtad del PT a Morena. Puedo brincarme de estado en estado; de Coahuila a Chihuahua y de Chiapas a Guerrero. O puedo dar brincos en el tiempo, de año en año, para demostrar que actúa como una verdadera máquina de extorsión. No tiene caso. La 4T lo sabe mejor que yo.

La izquierda se ha inventado un enemigo poderoso en PRI y PAN. Esos dos partidos son, en realidad, un chiste. Si los dejas, se extinguen solos. Y vaya que le meten acelerador. El verdadero problema de la izquierda no es el panismo o el priismo: es su propia actitud absurda y pusilánime frente a los verdaderos enemigos de los principios que postula. El verdadero problema de la izquierda es un pragmatismo, que dejó de ser pragmatismo para convertirse en autodestrucción. Cualquiera dirá que es una exageración y quizás tenga razón, a juzgar por los números hasta ahora. Pero de fondo, disiento.

Ante el formidable reto de transformar la vida de la República, Morena ve a la hormiga Anaya o al ratón Monreal y se espanta. Por favor. Morena estira la liga con sus votantes. Se aprovecha de la buena voluntad de una mayoría que realmente confía en la posibilidad de un cambio de fondo, y da bandazos torpes como el de Zacatecas, Campeche o Guerrero, entre otros. Sin embargo, quisiera que mi reflexión trascendiera los ejemplos porque cualquiera puede pedirme que hable de Alejandro Armenta o de lo que pasó en años recientes en San Luis Potosí, con Ricardo Gallardo. A  Morena lo traicionan en su cara y pide más. Su pragmatismo se mezcla con una actitud absurda y pusilánime. Y lleva largo tiempo haciéndose daño.

Claro que Morena es una fuerza enorme y generosa: tiene mucho poder y como le faltan cuadros, lo reparte entre muchos. Eso está bien, porque eso es esencial en una democracia. Pero Morena, a su vez, es una fuerza absurda y pusilánime porque le corrompen la entraña, le cortan un dedo, le arrancan una oreja y si su agresor le sonríe a la persona adecuada, no pasa nada. Y muchas veces tienen más posibilidades los agresores que los disciplinados.

Me parece que la izquierda ya no puede hablar de “falta de cuadros” porque ese momento ya pasó: fue en 2017, cuando el tsunami López Obrador trajo mucha basura en las playas frescas de un movimiento emergente. Ahora le queda reconocer que fue incapaz de construir una nueva clave política y tiene que depender de cuadros como Pedro Haces, Adrián Rubalcaba, Alberto Anaya, Manuel Velasco, Ricardo Monreal, Ricardo Gallardo o la familia Yunes de Veracruz. O bien, Morena debe reconocer que no se atreve a apostar por los cuadros que formó, porque no son lo sólidos, porque no confía en ellos. Lo que sea, es una calamidad para un proyecto que prometía transformar la vida pública de raíz.

La única que tiene una respuesta a estos dilemas es Claudia Sheinbaum. Aunque se hizo ideológicamente en los movimientos sociales, debe involucrarse más en la vida partidista. No le queda de otra. O entregará Morena prematuramente envejecido a quien venga después de ella. Debe enseñar al noble y generoso animal, Morena, a confiar más en sí mismo y a decir NO con contundencia cuando lo requiera. Debe elevar la autoestima de un movimiento que tiembla cuando lo confrontan la hormiga Anaya, el ratón Monreal, la alimaña Gallardo o el perrito faldero Velasco.

Llegar hasta aquí le ha costado mucho a la izquierda: represión, tortura, acoso, persecución. Familias fueron destruidas en el pasado; muchos perdieron la vida en la clandestinidad; mujeres y hombres murieron mientras luchaban por un ideal frente gobiernos represores, miserables, hambreadores y asesinos. Enfrentar gusanos hoy no es nada. Envalentonarse mientras se tiene el poder debería ser lo natural, no hacerse chiquitos. Si Anaya se quiere ir con Dante, que se largue. Si se pierde un estado, que se pierda. Lo más importante es que el movimiento no se corrompa y que la nobleza no ceda ante la podredumbre, sólo por comodidad o por pusilanimidad. No, no, no.

Hubo quien se fue a la montaña a resistir, con un palo en una mano y en la otra una cucharada de sal; se fueron a las sierras y dejaron a los hijos chiquitos, escondidos en un pozo seco, desnutridos y esperando su regreso.

Ahora, muchos líderes de Morena no saben qué hacer cuando los ratones que se les ponen a las patadas. Por favor. No hagan que me ría de la pena; no permitan que llore de ansiedad.

 

@paezvarela