Códigos de Guerra escribe Fernando Jiménez
Las Narrativas invisibles detrás del poder
La información sobre la presencia de agentes extranjeros en Chihuahua se leyó en clave de intervención directa. La reacción pública se concentró en ese ángulo y desplazó otras lecturas. El tema se instaló como un episodio de seguridad nacional, con posicionamientos del gobierno federal y del estatal, encabezados por la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Maru Campos. Ese encuadre ordenó la conversación, pero también la simplificó.
Después de la muerte de los presuntos agentes vinculados a la CIA, PulsoGob detectó múltiples activaciones de microclústeres: grupos pequeños de conversación que surgieron de forma casi simultánea, pero que no repiten un mismo mensaje ni responden a un solo origen. En menos de 24 horas, estos grupos mostraron variaciones de entre 15% y 25% en volumen por segmento —seguridad, intervención extranjera, desconfianza institucional— sin que ninguno concentrara la conversación. Es decir, no hubo un tema dominante que organizara el debate, sino varios focos creciendo al mismo tiempo.
Durante meses, la narrativa dominante ha sido la preocupación por una intervención masiva. Ha sido objeto de análisis, seguimiento mediático y posicionamientos públicos. Sin embargo, esa intervención no se ha materializado en los términos planteados. Ese marco ha concentrado la atención y ha dejado en segundo plano otras señales: dinámicas de menor intensidad, distribuidas, que operan dentro de la conversación sin necesidad de un despliegue amplio. El resultado es una lectura incompleta que privilegia escenarios visibles y descuida procesos que ya están en curso.
Aquí aparece un problema operativo. Cuando el análisis se enfoca en una hipótesis dominante, el resto de las señales pierde prioridad, incluso cuando son consistentes en el tiempo. En este caso, la insistencia en una intervención masiva redujo la capacidad de observar variaciones pequeñas pero persistentes, que terminan acumulando efecto. Esto dificulta atribuir origen, pero no impide medir impacto.
Aquí es donde la soberanía digital necesita un ajuste en su definición. No se limita a marcos regulatorios o control de plataformas. Parte del entendimiento del entorno donde circula la información y de la capacidad de leer narrativas en al menos dos niveles: macro y micro. Los datos de PulsoGob muestran una conversación estructurada en múltiples vectores: direcciones e intensidades distintas que, al coincidir, terminaron tirando del tema en varias direcciones.
La implicación es de fondo. Fenómenos como el de Chihuahua exigen lecturas más profundas, donde el “clustering dinámico” permite identificar cómo se agrupan, se separan y evolucionan las conversaciones en tiempo real. Este enfoque hace posible entender las capas narrativas que coexisten dentro de un mismo evento, reconocer qué segmentos ganan tracción en distintos momentos y ubicar los vectores que infuyen en el fenómeno. Esa lectura por capas —macro y micro— permite entender mejor fenómenos complejos en su composición.
Cuando ese nivel de análisis no está presente, el diagnóstico se distorsiona. En un caso como Chihuahua, eso implica leer de forma incompleta un fenómeno que es, por definición, fragmentado. Las decisiones que se toman a partir de esa lectura no solo pierden precisión: responden a una versión parcial del problema.
Con datos de PulsoGob, Arquitectura Narrativa y Estudios de Opinión Digital.
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