Desmemoria criminal

Desmemoria criminal
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabólica.MX escribe Fernando Maldonado 

La herramienta más útil para la oposición en el presente ha sido la desmemoria. Apostar por el olvido colectivo para invisibilizar los fracasos, tropiezos y perversiones del pasado es la consigna.

La retahíla que alimenta la existencia del “narco gobierno” no se puede explicar sin el largo período que comenzó en el siglo pasado en el que nació la alianza crimen-poder público.

Lo que hacen PRI y PAN no es sino aceitar la maquinaria del cinismo. Una revisión al pasado nos ofrece una línea de tiempo precisa que no deja margen a la interpretación tramposa que busca acusar al adversario y lavar culpas.

Es en la década de los ‘70s cuando se producen las primeras evidencias de la existencia de esa simbiosis enfermiza y dañina para la sociedad entera.

No se puede exculpar a Rubén Rocha en esa línea de tiempo, porque las evidencias que deberán darse a conocer no hacen sino confirmar una añeja tradición mexicana: la corrupción del sistema.

Aunque fue en la década de los 2000 con el panista Vicente Fox Quesada y en el 2006 cuando más pruebas emergieron de ese lazo putrefacto, ya había un largo tramo avanzado.

Con Fox se produjo la primera fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán del penal de Puente Grande. Es cierto que el responsable de la Dirección de Prevención y Readaptación Social fue puesto a disposición; sin embargo, el dato duro descansa en la anécdota propia: “El Chapo” se evadió de un penal de alta seguridad, por la puerta de entrada.

El secretario de Gobernación era Santiago Creel, luego aspirante a la presidencia de México. Ahí nadie hizo notar la torpeza de fichar a quienes abrieron la puerta de la cárcel a un sanguinario criminal que ahora purga condena perpetua en Estados Unidos.

De Calderón, la anécdota es abundante en datos y hechos: el zar antidrogas Genaro García Luna como “El Chapo” también paga con cárcel en aquel país lo que en el nuestro hizo al amparo de la charola.

De ambos sexenios, como los anteriores, los priistas son de donde se nutre la clase política que por estos días acusa la existencia del “narco partido” y “narco gobierno”.

La desmemoria convenciera pretende sepultar la historia que demuestra una añeja responsabilidad: con Luis Echeverría el país vio salir de las cloacas a Amado Carrillo Fuentes; con el sucesor de aquel, José López Portillo, los hermanos Arellano Félix y “el jefe de jefes” Miguel Ángel Félix Gallardo.

Para 1984 con la artificiosa campaña de la “renovación moral” de Miguel de la Madrid, cobró dimensión nacional otro narco, Juan García Abrego, la ejecución de Enrique “Kiki” Camarena, agente de la CIA que hacía trabajo de inteligencia en Guadalajara y la ejecución del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Ismael “El Mayo” Zambada, recién llevado a los Estados Unidos y El Chapo crecieron en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, en el periodo en el que más asesinatos políticos se produjeron.

Con el sucesor Ernesto Zedillo Ponce de León emergió uno de los líderes criminales más inhumanos que haya habido en la historia con Arturo Guzmán Decenas el “Z1” que nació con un grupo de militares de élite para dar fama mundial a los Zetas.

Con Calderón no solo se consintió a Él Chapo a través de la alianza con García Luna, sino que nació el CJNG con Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, abatido apenas en febrero de este año.

La lista de criminales que crecieron con el paso sexenal en nuestro país es abundante, tan larga como la desmemoria a la que apuestan los políticos mentirosos en la oposición.

@FerMaldonadoMX