Parabólica.MX escribe Fernando Maldonado
El humanismo mexicano y un gobierno que se rige bajo el concepto bioético no está exento de mostrar fisuras sobre sus muros y cimientos, grietas a través de las cuales son visibles personajes que obedecen más a la plutocracia del pasado ominoso que a la atención de carencias en el entorno.
Uno de ellos es Juan Gregorio Montero García, director del Hospital de Especialidades del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores al Servicio del Estado de Puebla, sobre quien pesan acusaciones formales.
Documentos que obran en poder este reportero dan cuenta de un conjunto de anomalías cometidas por Montero García, dueño de una conducta violatoria de los derechos humanos, discriminatoria, clasista y que raya en la violencia física.
Los señalamientos en contra de este personaje ya escalaron mucho más allá de lo que se cuenta en los pasillos hospitalarios, como consta en documentos oficiales que dan sustento a la definición de un agresivo servidor público (¿?) en la estructura del ISSSTEP.
De ello saben Enrique Nacer Hernández, presidente del Comité de Igualdad Laboral y No Discriminación del Instituto y Rosa Isela Sánchez Soya, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla, a través de los oficios recibidos el 27 de marzo alrededor de los 11:40 de la mañana.
Quien los firma es un funcionario con seis años en el Departamento de Enseñanza e Investigación, cuya responsabilidad, entre otras, es el de la preparación de médicos residentes en diversas especialidades hasta su graduación.
Ese funcionario tiene una característica que lo colocó en el blanco de un conjunto de adjetivos propios de la intolerancia, xenofobia y el racismo: es afromexicano, desciendente de haitianos, canadienses y franceses.
Se trata de Pierre Mitchel Aristil, un doctor que a los ojos de su superior jerárquico, su condición de piel lo llevaron a cometer errores de protocolo, según el muy subjetivo criterio de Montero García: “por eso antes los negros eran esclavos, porque son pendejos”, dijo desde su condición whitexican.
Es apenas un asomo a un caso de violencia verbal del que la víctima supone, podría traducirse en un momento preciso, en agresión física.
Cuenta Mitchel Aristil en su relatoría que la campaña de hostilidades detonó cuando el área de Protocolo del ISSSTEP decidió modificar el diseño del programa de una ceremonia de graduación de médicos residentes el 27 de febrero de este año.
Instalado en el diminuto peldaño de poder que alguien en la estructura gubernamental proveyó, estalló: “¡eres un pendejo (…) no estás defendiendo tu área y quiero que vengas ahorita mismo a mi oficina para que te ponga en tu madre!”
¿Quién es quién protege a un servidor público que desoye el llamado reiterado a asumir el credo del nuevo gobierno que dice que el poder se vuelve virtud cuando se pone al servicio del pueblo?
Pistas: asegura Juan Gregorio Montero García en este capítulo: “recuerda que tu trabajo está en mis manos, te he dicho en repetidas ocasiones que no sabes con quién tratas, mis alcances son altos y estoy bien respaldado”.
Cualquiera diría que por la retórica utilizada el médico Montero García no solo tiene el respaldo del poder político de la 4T en Puebla, sino también de los inquisidores del Santo Oficio de la Nueva España de 1545.
Enrique Nacer Hernández y Rosa Isela Sánchez Soya tienen la oportunidad de sentar precedente frente a la prepotencia y patanería de quien no entendió que el periodo en el que las castas en México determinaban por ley divina lo que sucedía con sus subordinados.
@FerMaldonadoMX