La editorial escribe Jesús Olmos
Una lección de comunicación política le terminó dando el canciller Roberto Velasco, al historiador, opositor e ideólogo de la derecha mexicana, Enrique Krauze.
El representante de la diplomacia mexicana ha incumplido en una de las necesidades, que Krauze plantea en sus reclamos en las redes sociales: no ha podido viajar en el tiempo.
Y es que Krauze, lejos de aceptar un error de temporalidad (una contrariedad para un historiador que se jacta de su manejo de este insumo) insistió hasta la extrema necedad en que Velasco debió viajar en el tiempo para responder a Donald Trump una tarde antes de que hiciera señalamientos sobre México.
Krauze es el síntoma de una enfermedad, una podredumbre, que solo puede entenderse por el descredito.
Mientras, Velasco lo deja mostrarse al desnudo, lo llama retrógrada y deja que la sociedad reproche la falsa estulticia de quien se ha sentido tenedor de la verdad eterna en las últimas décadas y ha sido exhibido.
@Olmosarcos_