Brujas macabras

Brujas macabras
Jatzume Hernández de García
Jat escribe

Jat escribe por Jatzume Hernández

De ser perseguidas a ser veneradas 

Las brujas siempre han sido un tema de debate, de tabú… pero, al final, ¿quiénes son las brujas?

La palabra “bruja” en español aparece documentada aproximadamente desde la Edad Media (alrededor del siglo XIII). Su origen exacto es incierto, pero muchos lingüistas creen que proviene de términos prerromanos o del latín vulgar.

En otras culturas ya existían conceptos similares mucho antes: por ejemplo, en la antigua Mesopotamia ya se hablaba de mujeres y hombres que practicaban la magia; mientras que, en el antiguo Egipto, esta era aceptada como parte de la vida cotidiana. En la antigua Grecia, incluso, aparecen figuras de hechiceras como Circe.

Sin embargo, las brujas eran, en su mayoría, mujeres con conocimientos ancestrales de botánica, que empleaban y veneraban a la madre naturaleza, celebrando los cambios de estación y las fases lunares.

De ahí que se utilizaran términos como Samhain, que marcaba la entrada al invierno, momento en el que se creía que el año “moría”: las hojas caían, el frío dominaba… y después, todo volvía a nacer.

Con el tiempo, los hombres de la Iglesia no veían bien estas prácticas y comenzaron a tacharlas de profanas. Sin embargo, la realidad es que estas mujeres iban adquiriendo influencia dentro de la sociedad, lo que llevó a la creación de una imagen distorsionada de la “bruja”: figuras con sombreros puntiagudos, narices exageradas y piel verdosa.

Este fue el inicio de una represión profunda hacia las mujeres, donde miles fueron asesinadas de las formas más crueles por seguir sus creencias y conocimientos… y muchas otras, simplemente por estar en el momento equivocado.

Esto generó un miedo profundo al término “bruja” y, por supuesto, a ser acusada de serlo. Con el tiempo, la idea se deformó hasta pensar que toda bruja hace el mal y posee “poderes” oscuros para cumplir sus objetivos.

Se llegó incluso a crear un texto clave que “enseñaba” cómo identificar y juzgar brujas: el Malleus Maleficarum de 1487, una obra que terminó por derrumbar la imagen de todas aquellas que intentaban mantener viva su historia a través de la medicina tradicional.

Cabe resaltar que, en México, hasta la fecha se mantienen muchas de estas prácticas en la vida cotidiana. ¿No me creen? ¿Alguna vez su abuelita, mamá o alguna conocida les ha ofrecido un té de manzanilla para el dolor estomacal? ¿Han usado aloe vera en heridas o quemaduras para aliviar o sanar más rápido?

Estas acciones son vestigios de creencias que siguen vivas, heredadas de épocas donde el tiempo parecía caminar más lento.

Con el paso del tiempo, también se han incorporado otros objetos y rituales: poner un cuchillo enterrado en la tierra para evitar la lluvia, colocar un ojo de venado contra el “mal de ojo” a los bebés, o poner tijeras abiertas en las ventanas para que la “bruja” no entre… y así, muchas otras creencias que aún persisten.

Pero, ¿por qué?

Según el terapeuta chileno-francés Alejandro Jodorowsky, existe una relación entre los actos simbólicos y los rituales como una forma de sanar traumas emocionales, bloqueos psicológicos y conflictos inconscientes, a lo que denominó psicomagia.

Desde esta perspectiva, la “brujería” también puede entenderse así: los amuletos, objetos o rituales no son más que representaciones físicas de nuestras intenciones. Son símbolos que nos dan seguridad, que canalizan lo que sentimos y creemos.

Al final, tal vez nunca dejamos de ser esas “brujas”… solo aprendimos a llamarlo de otra forma.

@Jatzume1