Cáncer de mama: lo que las cifras nos dicen y lo que todavía ignoramos

Cáncer de mama: lo que las cifras nos dicen y lo que todavía ignoramos
Yani López
Fondo y forma

Fondo y Forma escribe Yani López

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Hay cifras que leemos, nos impresionan por unos segundos y después olvidamos. Pero hay otras que deberían hacernos detenernos y reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestra salud.

El cáncer de mama es una de esas realidades que no podemos seguir viendo como algo lejano, que solamente les sucede a otras personas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante 2024 la tasa de mortalidad por cáncer de mama en México fue de 18.7 defunciones por cada 100 mil mujeres de 20 años y más. Una cifra que nos recuerda la magnitud de un problema de salud que afecta a miles de familias mexicanas.

Pero más allá de los números, hay algo que me parece especialmente importante: todavía existen muchas ideas equivocadas sobre esta enfermedad que pueden hacernos bajar la guardia.

Una de las más comunes es pensar: “En mi familia nadie ha tenido cáncer de mama, así que probablemente yo no estoy en riesgo”.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud señala que la mayoría de las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama no tienen antecedentes familiares conocidos de esta enfermedad.

Esto significa que no tener antecedentes no es garantía de estar fuera de peligro.

También solemos asociar el cáncer de mama exclusivamente con mujeres de edad avanzada. Y aunque el riesgo aumenta con los años, eso no significa que las mujeres jóvenes deban desentenderse de su salud.

Conocer nuestro cuerpo, identificar cambios y acudir a una valoración médica cuando algo no parece normal son hábitos importantes a cualquier edad.

Otra idea equivocada es creer que, si no sentimos dolor o no tenemos síntomas, no hay motivo para revisarnos.

Precisamente ahí radica el valor de la detección temprana. Algunas alteraciones pueden identificarse mediante estudios médicos antes de que sean perceptibles. Por eso la mastografía es una herramienta fundamental para detectar posibles cambios en las mamas.

En México, se recomienda la mastografía de detección a partir de los 40 años, con una periodicidad que debe definirse de acuerdo con las recomendaciones médicas y los factores de riesgo individuales. Si existen síntomas o antecedentes relevantes, la evaluación puede requerirse antes.

Es importante entender también que prevención y detección temprana no significan lo mismo.

La prevención busca reducir la probabilidad de desarrollar una enfermedad. En el caso del cáncer de mama, mantener un peso saludable, realizar actividad física y limitar el consumo de alcohol son algunas medidas que pueden contribuir a disminuir ciertos riesgos.

Pero incluso llevando una vida saludable, el riesgo no desaparece por completo.

La detección temprana, en cambio, busca identificar una enfermedad en sus primeras etapas, cuando generalmente existen mejores posibilidades de tratamiento.

Y aquí vale la pena hacernos una pregunta: ¿cuántas veces hemos pospuesto una revisión simplemente porque nos sentimos bien?

A veces es por falta de tiempo. Otras, por miedo a encontrar algo. También existen dificultades económicas, laborales o de acceso a los servicios médicos que hacen más complicado atender nuestra salud.

Por eso, hablar de concientización no debería limitarse a pedirles a las mujeres que se revisen. También significa reconocer la importancia de contar con información clara, servicios de salud accesibles y acompañamiento oportuno.

Octubre nos ofrece una oportunidad para hablar de todo esto, pero el cuidado de nuestra salud no puede depender de un mes del calendario.

En la columna anterior, reflexionamos sobre cómo las mujeres solemos ocuparnos de todos antes que de nosotras mismas. Hoy quisiera que diéramos un paso más: pasar de la conciencia a la información, y de la información a la acción.

Conocer nuestros factores de riesgo, preguntar qué estudios nos corresponden y buscar atención médica ante cualquier cambio son decisiones que merecen un espacio en nuestra agenda.

No porque debamos vivir esperando una enfermedad, sino porque merecemos vivir con mayor información y mejores oportunidades para cuidar nuestro bienestar.

Las cifras nos muestran la dimensión del problema. Lo que hagamos con esa información puede marcar una diferencia.

Y quizá el mensaje más importante de este octubre sea que no necesitamos esperar a sentirnos mal para empezar a ocuparnos de nuestra salud.

 

Yani López

Asesora Profesional de Seguros

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