Códigos de Guerra escribe Fernando Jiménez
“Las narrativas invisibles detrás del poder político”
Con la definición de los 17 coordinadores estatales de Morena el partido ha completado su tránsito de movimiento social a partido de Estado. La dirigencia nacional impuso disciplina en el papel, pero el análisis digital revela un desgaste en la conversación pública: entre el 55% y el 60% de las opiniones son de rechazo o escepticismo, superando por mucho a la narrativa oficial de unidad (15-20%). Términos como imposición, cuota al Verde, desgaste y encuestas a modo dominan el debate digital en medios y redes independientes, evidenciando un proceso donde la dirigencia retuvo el control de las candidaturas, pero perdió el dominio del relato.
El reparto territorial refleja un pragmatismo frío basado en cesiones de alto costo y exclusiones calculadas. El caso más agudo es Nayarit, donde el nombramiento de Jasmine Bugarín —bajo las siglas del Partido Verde (PVEM)— quien desplazó por paridad a Héctor Santana, en un acuerdo político que logró la candidatura por encima de los niveles de conocimiento en encuestas. El Verde se confirma como el socio más hábil del proceso al asegurar plazas clave como Nayarit y Baja California Sur —que provocó protestas de la militancia local—, mientras en San Luis Potosí para impulsa la candidatura de la esposa del gobernador Gallardo. En el extremo opuesto, el Partido del Trabajo (PT) quedó prácticamente invisibilizado de las decisiones principales.
En el mapa interno, el mensaje enviado desde Palacio Nacional es directo: se priorizó la gobernabilidad y la competitividad territorial sobre las cuotas de grupo del sexenio pasado. Las frenadas a perfiles fuertemente mediatizados como Andrea Chávez en Chihuahua o Geraldine Ponce en Nayarit contuvieron las aspiraciones del grupo de Adán Augusto López y afianzaron la línea de mando sobre el partido. Sin embargo, este cálculo provocó focos rojos inmediatos en la conversación local: acusaciones de "traición a las mujeres" en Michoacán con Carlos Torres Piña, burla e ilusión baja por el "reciclaje" de Clara Luz Flores en Nuevo León, y un rechazo alto en Guerrero, Sinaloa, Sonora y Zacatecas ante la percepción de que se perpetúan los cacicazgos locales de siempre.
Un caso representativo de esta tensión contenida se registra en Tlaxcala con la designación de Ana Lilia Rivera. Aunque en la superficie se acató la decisión del centro, la escucha local registra heridas abiertas con el grupo de la gobernadora Lorena Cuéllar —cuyo perfil impulsado, Alfonso Sánchez, quedó fuera del mapa—, mientras que el PT local mantiene una postura distante, confirmando que la disciplina nacional no borra las grietas en el territorio.
A pesar de que el oficialismo arranca el proceso con un volumen de conversación crítica del 60% y la amenaza de un desgaste prematuro para sus coordinadores, la estructura formal responde con orden. El destape anticipado le otorga al partido control del territorio, pero, sobre todo, acelera la consolidación de los perfiles que empoderan a la presidenta Claudia Sheinbaum. Al hacer valer el pragmatismo frío sobre el reparto por influencias, la mandataria toma las riendas de la sucesión de 2027 y justo cuando reafirma su autoridad moral y política sobre el movimiento, el inevitable AMLO sale a presentar su nuevo libro. Un movimiento cargado de ego, innecesario en estos momentos.
Fernando Jiménez | PulsoGob, consultor en comunicación política y estratega en gestión del poder. Fundador de la firma (pulsogob.com): Arquitectura Narrativa e Inteligencia basada en datos
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