Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela
1. El peor error de todos
Andrés Manuel López Obrador suele contar que después de 2006, del fraude electoral y del fin del plantón de Reforma, la lluvia de lodo contra él había sido tan tupida que la derecha pensaba que lo había sepultado en el fango. “Me dieron por muerto”, decía.
En su libro ¡Gracias! (Planeta, 2024), AMLO narra:
“En los momentos de mayor violencia de Estado en el país, sin dejar de denunciar la errónea y criminal estrategia de Calderón, pude salir ileso de ese vendaval autoritario porque por suerte decidí recorrer todos los municipios de México para concientizar y organizar al pueblo desde abajo; mis giras a ras de tierra me salvaron; como me reunía en las plazas públicas con poca gente, creyeron que estaba liquidado y me dieron por muerto, políticamente hablando. El mismo Calderón decía, cuando le preguntaban por mí en entrevistas, que allí andaba reuniéndome con 10 o 20 personas. En todo sentido, fue un milagro, porque no se ocuparon de mí, me dejaron trabajar y las visitas a los pueblos y regiones de México fueron aleccionadoras y fundamentales para el futuro de nuestro movimiento”.
Nunca olvidaré una entrevista que le hacen a Claudio X. González padre viendo a cámara, con la mandíbula temblorosa del odio y haciendo el gesto de “pequeño” con dos dedos, diciendo: “Para mí, siempre será el ‘pejecito’, así, chiquito”. Eran años terribles, aquellos. Era tristísimo ver cómo se vanagloriaban por un fraude electoral sin consecuencias aparentes para ellos.
Pero es justamente ese error, el más grave de los núcleos de oposición en México, lo que los hunde. Menosprecian con manual en mano a López Obrador. Pueden aborrecerlo, abominarlo, reprobarlo, maldecirlo, despreciarlo. Cada quién. Pero menospreciarlo es subvalorarlo, y tiene y ha tenido siempre consecuencias demoledoras para la derecha. Es allí, en ese error que es un abismo, donde el líder de izquierda se crece. Es allí donde pierden las élites prepotentes porque creen que pueden comprar todo con dinero; que pueden enmendar todo con un cheque.
Lo menosprecian por clasistas y se dan el gusto de ser clasistas con él porque piensan que no pasa nada; que pueden enmendar todo con la cartera y sin consecuencias. Es claro que no arreglan nada.
La reciente aparición de López Obrador, en particular esta última, tiene esa connotación. Se ve fuerte, física y mentalmente. Uno nunca sabe pero pensé, mientras lo veía sentado en su mecedora de La Chingada y anunciando su nuevo libro, Pueblo (Planeta 2026), que va a enterrar a muchos de sus enemigos. Lo menosprecian y lo invocan. No entienden que prefiere escribir libros, pero si lo provocan, volverá. Y será implacable. Y puede ser implacable.
Los que especulan que hay ruptura con Claudia Sheinbaum se equivocan, también; y se equivocan los que apuestan a que existe una subordinación. Yo sé que a estas alturas no les importa hacer el ridículo, y se les nota que prefieren lanzar mentadas y mentiras que reflexionar, pero tengan por seguro que cada aparición de AMLO está consensuada. Si no se platican, son de las cosas que se entienden. Diría Juan Gabriel: y no lo provoquen. No lo provoquen porque lo veo de regreso a la plaza pública. Si la Presidenta lo necesitara, lo haría. Y si Morena lo necesitara, lo haría. No lo provoquen y mucho menos lo menosprecien porque el viejo líder de izquierda está menos viejo de lo que piensan Enrique Krauze, Carlos Salinas, Felipe Calderón, Ricardo Salinas Pliego o Héctor Aguilar Camín.
Sin embargo, no podrán contenerse. Lo sé. Lo provocarán y lo menospreciarán. No falta otro Claudio Equis padre que, viendo a cámara, con la mandíbula temblorosa del odio, lo llame “‘pejecito’, así, chiquito”. Y es allí donde pierden, por prepotentes. Porque creen que pueden comprarlo todo; que pueden enmendar todo aún si los mueve el clasismo. Creen que no pasa nada, que pueden enmendar todo con la cartera y sin consecuencias. Pero no enmiendan nada.
Así que prepárense, pues, porque ese viejo al que dan por muerto volverá a las plazas de ser necesario. Prepárense porque tiene fuerzas para recorrer una vez más todo el país, a pie si se requiere. Y prepárense porque si vuelve, va por todas las canicas. Se los garantizo.
2. La derrota de los apátridas
María Lilly Téllez fue de las y los primeros. De hecho, la Senadora de ultraderecha faltó a siete sesiones ordinarias y a una de la Comisión Permanente para ir a Estados Unidos y participar en eventos de grupos de ultraderecha, según un trabajo de la Unidad de Datos de SinEmbargo con información al 8 de mayo pasado [“La agenda pro Trump y ultraderechista de Lilly Téllez se recarga en tiempos de Senado”, de Arturo Daen]. En cada visita, creo, la recibían en Fox News para que hablara mal de México. Lo siguió haciendo. Cada vez con menor impacto en los medios mexicanos e incluso allá.
Después de ella vendría su empleador, Ricardo Salinas Pliego. Luego Alejandro Moreno Cárdenas y otros. Los contactos de los tres son muy parecidos y públicos. Se sirven de la diáspora cubana –que sirve a Marco Rubio, Secretario de Estado– aunque no se si Lilly, Salinas Pliego y “Alito” les funcionen a los cubanos porque su peso en México se reduce año con año.
Ahora, el club de los apátridas tiene problemas, nuevos problemas: su gran aliada es la ultraderecha estadounidense. Siempre lo ha sido, pero ahora que está en el poder no sólo es aliada: es su sostén. Hace muy poco tiempo que este club, unido originalmente por su odio a López Obrador, pensaba que la agresiva agenda intervencionista de Donald Trump le abría la oportunidad de su vida. Pensaban que México se rendiría fácilmente ante MAGA. Y sucedió lo contrario.
Dos datos. Primero: el Latinobarómetro confirmó la semana pasada lo que ya había advertido el Centro Pew, que el rechazo a Trump entre los mexicanos es el más alto de todo América Latina; su desaprobación a la política exterior de Washington roza el 79 por ciento, seguido de Honduras, con 72; Guatemala, con 71; y Uruguay, con 70 por ciento. Y segundo dato: es altamente probable que MAGA y Trump pierdan el Senado, con lo que la destitución del mandatario estadounidense se hace más real.
Ambos datos son terribles para el club de los apátridas. Amarraron su propio destino político al de un barco que se hunde; abrazaron a Trump porque querían aprovechar los vientos de ultraderecha a su favor, sin saber que Trump se dirigiría, entre la neblina más espesa, hacia un archipiélago. Y diría más: han traicionado a su país; han pedido a Washington que invada suelo mexicano y aceptaron bailar al ritmo que les puso.
Apostaron contra México y les quedará la derrota y un tatuaje en la frente que dice “TRAIDORES”.
3. Pero qué necesidad: Tres notas
Uno. ¿Qué tan amplia puede ser la derrota de Trump en noviembre? Él ha dicho que las encuestas siempre lo subestiman, pero aún así, la economía de Estados Unidos está tan mal que en las siguientes semanas podría hundirse más. Nuevas encuestas de The New York Times y la Universidad de Siena a un mes de las elecciones dicen que la insatisfacción de los votantes con la economía, la preocupación por el extremismo político y la frustración con Trump han puesto a los demócratas al alcance de arrebatar cuatro y hasta cinco gubernaturas que hoy tienen los republicanas. Los demócratas tienen varias vías para recuperar la mayoría en el Senado, dice The New York Times, “a pesar de un panorama electoral complejo que favorecía a los republicanos antes de las elecciones de mitad de mandato”. Los demócratas necesitan cuatro escaños de los republicanos y retener tres en estados clave. ¿Se puede lograr? Hace un mes, no. Hoy sí, y el panorama empeorará para Trump, muy seguramente, en las próximas semanas.
Dos. Discúlpenme si soy tan básico, pero no dejo de pensar en ese momento de noviembre en el que Estados Unidos le borre la sonrisa a Ricardo Salinas Pliego, a Lilly Téllez, Alejandro Moreno Cárdenas y a tanto apátrida que quisiera vernos sometidos a Washington, como Venezuela o como Irak. Pienso en ese momento y me lo tengo que imaginar y lo disfruto. Les duró tan poco. Fue un viaje terrorífico hacia la ultraderecha que en algún punto iba a parar y, parece, es ahora. Todavía pueden hacerle mucho daño a México, claro. Nadie cante victoria. Pero noviembre será un mes para recordar. Todavía pueden hacerle daño a Brasil y le diría que resista; que las fuerzas progresistas brasileñas hagan lo que democráticamente pueden hacer pero que frenen cualquier intentona trumpista. Que resistan un poco más. Que no permitan el error que cometieron otros pueblos. La ultraderecha está a punto de sufrir un golpe duro en la nuca. Una mayoría estadounidense está muy cerca de ponerle un dique al derramamiento de odio. Resistan. Resistan. Y quiero verle la cara a esos otros. Me conformo con imaginarla.
Tres. Del nuevo libro de AMLO destacan muchas cosas. Una importante, que todos los seguidores de su movimiento deberían aprender, es el peso que tiene para él la relación directa con la gente; el nunca desprenderse del pueblo. Y lo otro destacado son los mensajes que manda a Morena a través de Pueblo. La popularidad, dice López Obrador, no justifica una candidatura. “Si el candidato o candidata con quien podemos triunfar es esposo o esposa de la autoridad que va a sustituir, vale más perder; si hay un candidato muy guapo o dicharachero, famoso, con el que podemos ganar, pero existen pruebas de que es un malandrín, pues mejor no, qué necesidad”, escribe el expresidente. Creo que es un poco tarde para la elección de 2027 en lo referente a candidatos a Gobernador y Gobernadora, pero no para los diputados. Me parece que el partido en el Gobierno tiene mucho qué reflexionar sobre sus alianzas; sobre el poder inédito que le ha dado al Partido Verde aunque lo niegue, y qué malentendieron los del Partido del Trabajo que ahora se sienten pájaros disparando a las escopetas. La dirigencia de Morena necesita conversar consigo misma y voltear hacia su militancia. Debe aprender a traducir el descontento en oportunidad. Si la gente dice que no está satisfecha por los acuerdos con el Verde, debe revocarlos. Eso creo. Pero yo qué: yo nada más miro.
@paezvarela