Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela
1. La estrategia
No me extraña que Guillermo Ortiz Martínez, padre del Fobaproa, abandonara el sarcófago desde donde cobra sus distintas pensiones para cuestionar, recientemente, el manejo de la economía durante los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador, en ese orden. Hace semanas comenté públicamente lo que me habían dicho: que desde un eje demasiado evidente Madrid/Washington/Ciudad de México se planeaba poner énfasis al “costo” del “primero los pobres”. Intentarán –así me dijeron– “desmitificar” la idea de que “si se combate la corrupción, hay recursos para repartir entre los que menos tienen”.
Lo que quieren, desde ese frente de derecha/ultraderecha es calentar a inversionistas e instituciones de crédito en el extranjero para que suban al gobierno de Estados Unidos esa “vulnerabilidad”, no económica, sino ideológica. Quieren que los halcones en la Casa Blanca, que se preguntan cómo debilitar al Gobierno de izquierda, tengan otra herramienta: decir que la izquierda mexicana está endeudando al país irresponsablemente para comprar a los más vulnerables.
Si alguien me pregunta en qué se ancla el proyecto económico neoliberal que se aplica desde la década de 1980 lo podría resumir, porque no soy economista, en justificar la demolición del Estado de Bienestar. El mexicano Ricardo Salinas Pliego, el típico empresario ignorante y funcional, lo resumen en su propio proyecto: endeudar y explotar a los necesitados; manipularlos; entretenerlos con que pueden aspirar a llegar a la cúspide cuando la pirámide se angosta en lo más alto (diría Peter Ferdinand Drucker) y dejar en una élite la riqueza de las naciones con la justificación de que “genera empleos” y “genera riqueza”. Es un “primero la élite”, sea Ernesto Zedillo, Carlos Salinas o Donald Trump. Entonces el “primero los pobres” se vuelve un problema serio: le mete un palo a su bicicleta.
No me entretengo mucho con Guillermo Ortiz porque el personaje no lo vale. Que le respondan la Historia; los economistas honestos y sin prejuicios; los funcionarios cuestionados por él o el Gobierno de México; que le revire la academia cuando sea libre o lo que quede de la prensa, si es que deja algo. Su texto desvergonzado importa porque es parte de un plan mayor, pero no sorprende. Es hipócrita, mañoso.
En su “Réplica al Secretario de Hacienda Édgar Amador Zamora”, el exgobernador del Banco de México dice:
“Ahora bien, entremos al fondo de la carta, que se dedica en buena parte a repasar los indicadores de 1995-1997. Ahí sí conviene poner el contexto completo. Esos años no correspondieron a un ejercicio de política económica en condiciones normales: fueron la gestión de la crisis financiera más severa que ha enfrentado México en su historia moderna”.
El mañoso Guillermo Ortiz decide “poner el contexto completo” sin mencionar una sola vez a Carlos Salinas o a Ernesto Zedillo y cómo no: junto con él y otros, provocaron el mayor descalabro financiero, económico y social en la historia de México. Ortiz intenta justificar las decisiones que tomó y que llevaron al endeudamiento del Fobaproa haciéndose pasar por el salvador de un país que se desploma… sin mencionar que fue él, que fueron ellos los que provocaron ese país se desploma. Ortiz es un despojo moral e intelectual. Que le responda quien tenga el hígado menos encebollado que yo.
2. La duda de la deuda
Semanas antes de la reaparición de Guillermo Ortiz Martínez revivieron a otro de los mandaderos ocasionales del salinismo: Pedro Aspe. Publicó en la revista Nexos una especie de “ensayo en gráficos” con el mismo mensaje de Ortiz Martínez: cuidado, que México se desploma.
Entre la Secretaría de Hacienda de Pedro Aspe y la de Guillermo Ortiz hay un interregno curioso y muy cómodo, del que nadie se hace cargo. Aspe y Ortiz llevaron a México a la peor crisis financiera de la historia y luego al peor endeudamiento-sin-sentido de nuestra historia. Ninguno de los dos lo asume, claro. Crisis y deuda aparecieron “de la nada” y quedaron “en medio”. Jaime Serra Puche estuvo 28 días en Hacienda, a finales de 1994, y le cargaron todo cuando se cayó el telón que cubría años y años de tragedia postergada. Serra, quien usaba un bigote como el de Carlos Salinas, se rasuró y básicamente desapareció en el bullicio y allí anda. Sin ganas de hablar. Sin apariciones públicas, realmente.
Lo que Ortiz y Aspe quieren (que es el anhelo, no tengo duda, de Salinas de Gortari) es sembrar la idea de Sheinbaum y López Obrador construyeron condiciones para un nuevo descalabro como el del “Error de Diciembre”. Claro, dando por hecho que uno lo alertó (Aspe), el otro nos rescató (Ortiz) y tienen la autoridad moral para hablar del tema. Les debemos la vida, bendito Dios. Vean cómo se viene creciendo la cobertura sobre la deuda pública en medios como Reforma, TV Azteca y otros. Televisa, que es más astuto, siempre se espera y luego da el zarpazo, ya verán. Intentan sembrar que estamos en un enorme riesgo.
Sin embargo, a la mayoría de ellos les gana el ego y echan a perder sus propios argumentos. Dicen que viene una crisis pero luego dicen que ellos evitaron, cuando estaban en el poder, que se repitiera una crisis. “Sobre la inflación –cito a Ortiz en su respuesta a Édgar Amador–, el Secretario tiene razón en un dato y omite el resto de la historia. Sí, la inflación cerró en 1995 en niveles cercanos al 52 por ciento. Pero ese shock fue precisamente lo que llevó a construir, en los años siguientes, el marco institucional que hoy permite a la Presidenta Sheinbaum presumir una inflación de 3.26 por ciento”. La arrogancia se impone sobre su inteligencia pero no se oculta que quieren que se crea que viene un golpe duro. Busquen en Google y verán cuántos artículos hay sobre el regreso a 1994. Y van a arreciar con el discurso.
La deuda mexicana anda en 51 por ciento como proporción del PIB. ¿Es mucho o es poco? Una economía desarrollada tolera deuda de entre 60 y 90 por ciento del PIB sin provocar una reacción de las calificadoras de riesgo. Economías como la nuestra deben traer deuda de entre 50 y 60 por ciento del PIB para que no se encarezca su mantenimiento por la incertidumbre o por la desconfianza. Sólo para dejar el dato aquí.
¿Debe preocuparnos la deuda mexicana? Claro que sí: todas las deudas, hasta las que tiene usted con un familiar, deben preocuparnos. Son deudas. Es un déficit en nuestras financias que debemos cubrir con trabajo y con tiempo. El tema es si una deuda es manejable; si podemos cumplir con los plazos que nos dio nuestro familiar o el FMI. Y según los estándares internacionales, México puede perfectamente con su deuda. Por eso el discurso de los salinistas hace eco pero no tanto.
¿Ameritaba una respuesta del Gobierno a Guillermo Ortiz? Sí. Lo sabía el Secretario de Hacienda y lo sabía Ortiz, por eso de inmediato hizo una respuesta a la respuesta. El exgobernador del Banco de México y todos ellos tienen contacto con círculos de poder en el extranjero. Su artículo, de hecho, fue escrito y publicado originalmente en ingles (Are Mexicans Really Better Off Under Claudia Sheinbaum?): usted adivine a quién va dirigido: ¿a los mexicanos, al Gobierno de Sheinbaum o a los poderes en el extranjero, incluido Washington? Sólo para dejar también este dato aquí.
3. Los años por venir
Claudia Sheinbaum cumple dos años en el poder. Según la tradición (que viene de observar), los presidentes mexicanos tienen dos años para aprender y conocer sus límites; dos años para ejercer plenamente el poder y dos años finales para preparar la sucesión. Si te engolosinas con los dos años intermedios, se te complica la sucesión. Piensen en Salinas. No es el caso de ella pero hay una cierta lógica en esos plazos aunque ninguna regla impone una realidad. Ella está frente a retos formidables que nadie tuvo antes. Y los ha manejado bien porque tuvo un aprendizaje acelerado por necesidad (es mi teoría) que la obligó a entender sus límites y a moverse con enorme velocidad.
Todos los sectores, aliados o no, deberían acompañar esta Presidencia bajo presión extranjera, como sucede en Canadá o en otros países que han sido objeto del acoso de Donald Trump. No pasará. Una parte de la oposición básicamente no tiene la inteligencia (Lilly Téllez, Jorge Romero) para entenderlo; otra parte (Claudio X. González, Lorenzo Córdova, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Salinas Pliego) vive soñando su venganza contra López Obrador y se les atora la ardilla en el cerebro. Y están los deliberadamente mezquinos, que son muchos, como Alejandro Moreno Cárdenas, Ricardo Monreal, los líderes del PT y del Verde o la mayoría de los medios de comunicación y periodistas, que están pensando siempre en cómo monetizar cualquier resbalón.
Los años por venir se abren como una enorme oportunidad para la Presidenta de México. El debilitamiento de Donald Trump lo obligará, dentro de unos 40 días –según todas las encuestas– a concentrarse en política interna. Cerrará un buen acuerdo con México y apreciará que seamos un buen vecino, cumplidor e institucional, mientras lidia con los demonios que creó de la nada y los que se le vendrán encima adentro, en su propia casa. Si Sheinbaum mantiene el rumbo de su estrategia de seguridad, si no descuida las variables macro, si vigila su déficit fiscal y si se concentra en la corrupción –que, creo, es una de las grandes deudas de la 4T–, entonces cumplirá con aquello que decía AMLO de que la mejor política exterior es la interior: en un mundo MAGA que se desploma, la alternativa de izquierda será muy notoria.
Si la Presidenta aprieta fuerte a los de casa y no da tregua a los de afuera; si brinca el bache Trump y mantiene la amenaza extranjera a raya como hasta ahora; si la economía se maneja con ortodoxia y no se permite la corrupción y mucho menos la impunidad, entonces el mundo (y es literal, aunque le duela tanto a la oposición mexicana) tendrá en México un ejemplo. Y la ultraderecha lo sabe. Y ella lo sabe y sabe que es México y es ella pero es, sobre todo, el modelo. Son años en los que se ha invertido en los que menos tienen, para bien de todos. Sheinbaum dirá: esta es la ruta. Y toda ruta lleva al futuro. Y un futuro sin ellos le duele mucho a los opositores. Entonces esperen que reaccionen.
Que Ortiz abandonara el sarcófago para cuestionar el manejo de la economía importa por eso, porque es parte de una estrategia del eje Madrid/Washington/Ciudad de México. Quieren desmantelar el “primero los pobres” ahorita, ya, y todos los aliados de la Presidenta deberían estar atentos, vigilantes. Por eso la misoginia y mezquindad del PT en estos momentos, como cualquier mezquindad dentro del movimiento, se vuelve muy irritante: no son tiempos regulares; se requiere concentrarse en torno a la líder del movimiento porque si la hacen fallar, ¿qué queda? ¿El PT? ¿El PRIAN? ¿Lilly Téllez y Salinas Pliego? ¿Acosta Naranjo? ¿Álvarez Máynez? ¿Romero, “Alito”, Chumel? ¿La esperanza de que nos invada Estados Unidos? No me ganan reír: si no damos paso a la esperanza, ¿qué nos queda?
@paezvarela