Lunes, 15 Abril 2024 22:24

Divorcio

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill 

Palabras clave: machismo, divorcio, matrimonio, pareja, paternidad.

Hace varios años me divorcié. El procedimiento fue sencillo y sin mayores complicaciones debido a que no tuvimos hijos, por lo que no hubo pensiones ni nada por el estilo. Tan sólo dividimos los pocos bienes que tuvimos, fotos, discos, videos, entre otras cosas. Simple, lo dicho. Sin embargo, no lo es así para montones de parejas que se divorcian para las que el proceso es un auténtico pandemonio. Esto es así por la manera en que hemos concebido la pareja, el matrimonio, la paternidad y, en general, todo lo relacionado entre hombres y mujeres. De hecho, el divorcio se ha convertido en un dispositivo sumamente importante de apoyo a las mujeres en múltiples sentidos. Para empezar, es la posibilidad de separarse de una relación viciada, con conflictos constantes y donde se manifiestan todo tipo de violencias. De igual manera, el proceso permite que ambas partes de la pareja, pero especialmente la mujer, tengan cubiertas sus necesidades, máxime cuando existen hijos de por medio. No hace mucho, el divorcio era algo impensable para las mujeres y a la fecha, sigue siendo un estigma para muchas, tanto en el grupo social al que pertenecen como al interior de sus familias. Como queda claro en  el comunicado de la Coordinación de Género de la UNAM intitulado “El divorcio como una herramienta contra las desigualdades de género”, “el divorcio también representa un acuerdo jurídico que ha permitido hasta el día de hoy que las mujeres puedan obtener algún tipo de protección jurídica o económica que pueda responder ante las diversas desigualdades a las que las mujeres se pueden enfrentar luego de decidir separarse de sus parejas. Las pensiones alimenticias juegan un papel muy importante para aminorar las desigualdades económicas y sociales a las que las mujeres se pueden enfrentar en el acceso al mercado laboral. (…)Asimismo, la separación de bienes y las indemnizaciones a aquellas mujeres que han dedicado su vida al trabajo doméstico implican un resarcimiento económico que ha permitido que se encuentren en un menor grado de vulnerabilidad con respecto a los hombres”. Bien, es estupendo que exista esa herramienta, pero en realidad, hay que considerarla como un remedio, pero es necesario revisar el problema de raíz.

Pero ¿cómo es el trance del divorcio para los varones? Bueno, pese a que pocos lo habrán de reconocer, la situación no es tan sencilla, con independencia de quien decidió la separación. Existen sentimientos con frecuencia contradictorios que se debaten entre el miedo, la ira y la frustración; a su vez, al igual que las mujeres, los hombres también nos encontramos bajo el escrutinio público y el divorcio, que es comúnmente visto como un fracaso, nos es criticado también. Esto es porque se suele pensar que la pareja se dio por vencida y no hizo nada por mejorar la relación. También, que el varón es el causante porque seguramente cometió alguna infidelidad. En realidad, sólo los que forman parte de la pareja saben exactamente lo acontecido. Pero como lo comenté, el emparejamiento se encuentra subordinado desde el noviazgo a la concepción del amor romántico y a las reglas no escritas del patriarcado. Mujeres y hombres buscan entre sí estereotipos de pareja. ¿Lo encuentran? Pienso que en la gran mayoría de los casos tienen la ilusión de hacerlo, pero en la realidad termina siendo otra cosa; además, las personas cambian constantemente y quizá algo que se pensaba o se creía al principio de la relación, después ya no lo será y eso es perfectamente normal, aunque con frecuencia lleve a la separación.

Lo que es común en el proceso del divorcio, es que cada uno busca sacar el mejor provecho de la situación y lo hacen a través de sus aliados, los abogados y jueces, que no en pocos casos, terminan favoreciendo a los varones. Con todo, queda en la imagen de los machirrines que las mujeres son esas “sanguijuelas” que les quieren chupar todo el dinero que tienen y que se han de dedicar a hacerles la vida de cuadritos con la custodia de los hijos. En muchos casos esto es así, pero en la gran mayoría, el hombre macho busca pretextos para no cumplir o de plano, suele chantajear o sostener en jaque a su pareja poniendo a las y los hijos como moneda de cambio o, en casos muy extremos, pero más frecuentes de lo que imaginamos, hacerle daño a ellos para afectarla. Debido a ello, se han propuesto y aprobado leyes para prevenir y sancionar la denominada violencia vicaria.

Y luego, ¿qué sucede cuando el hombre queda solo? Puede pasar que al tener la sensación de libertad, se dedique a depredar cuanta fémina se le pare en frente y sacie todas las fantasías que nunca confesó a su pareja, que no se atrevió a pedírselas o ella no quiso tener con él. En ese ínter, es posible que experimente una franca sensación de soledad. Eventualmente, conseguirá otra pareja y es posible que el ciclo continúe pues en realidad no aprendió nada de su relación previa, de las efímeras que tuvo y mucho menos de su soledad, situación terriblemente mal comprendida por el mundo actual pero que, bien llevada, puede ayudar a que el sujeto se encuentre a sí mismo y pueda ser mejor en una nueva relación. Por otro lado, dependiendo de qué tan machirrín sea el individuo y qué tanto se involucraba con las cosas del hogar, las pasará negras con la comida, la limpieza de la casa y el lavado de la ropa. Para solventar lo anterior, muchos machirrines recurren a sus madres que, sabiéndolo o no, han contribuido a convertirlos en los machos que son. De hecho, muchos se casan para tener una nueva madre que los atienda en casa. Afortunadamente existen muchos más hombres hoy que son perfectamente capaces de llevar una casa con todo lo que implica; que pueden hacerse cargo de sus hijos sin necesidad de ningún apoyo, que lo hicieron en el matrimonio y simplemente continuaron haciéndolo en su vida de divorciados. Pero, como lo comenté líneas arriba, el asunto es que debemos cuestionarnos el sentido del noviazgo, del emparejamiento y del matrimonio así como de la paternidad; de lo contrario, seguiremos casándonos, divorciándonos y haciendo infelices a infinidad de hijas e hijos que nada tienen que ver en nuestras pésimas decisiones.        

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