El Cuauhtémoc y yo

El Cuauhtémoc y yo
Antonio Abascal
Estadio Cuauhtémoc

El blog de Puebla Deportes, escribe Antonio Abascal

 

6 de octubre de 1968 el gobernador del estado, Aarón Merino Fernández realizó la declaratoria inaugural del Estadio Cuauhtémoc en la ciudad de Puebla, era un inmueble para poco más de treinta y cinco mil aficionados, en el que destacaba su cubierta para trece mil personas y el mural colocado cerca de la entrada principal, obra del arquitecto poblano Jesús Corro Ferrer que tenía come mensaje principal la humanidad y las razas unidas con un enfoque del futbol en movimiento. Dicho mural se realizó bajo la técnica mosaico in vitro con pequeños mosaicos venecianos, requirió de varios trabajos especiales, el trazo, el dibujo y la colocación.

Emmanuel Couttolenc (qepd) dice en su libro “Historia con goles” que los primeros aficionados en ingresar fueron Fabián y José Luis Vivanco Salas a las 5:30 de la mañana de ese 6 de octubre de 1968 ya que se iba a vivir una doble cartelera con un Puebla (en ese momento en segunda división) y el América, mientras que el partido estelar era el de la selección mexicana contra Checoslovaquia. Las primeras alineaciones que se pararon sobre la cancha del Cuauhtémoc fueron las siguientes. Puebla: Nacho Sánchez Carvajal, (Valencia), Gutiérrez, Negrete, Arreola y Rebollo; Guzmán, Rodríguez (Acosta) y Vega; Domínguez (Noriega), Gorky y Sabater bajo la dirección de Juan Ángel “Pito” Pérez, quien había sido un estelar en la primera etapa camotera. Por el América jugaron Iniestra, Cuenca, Vega, Martínez, Ibarreche, Del Águila, Ivo (Ayala), “Coco” Gómez, López (Ceballos), Candia y Trujillo bajo las órdenes de Walter Ormeño. El árbitro fue Abel Aguilar, el América ganó 7-1, el primer tanto fue obra de Marcos Candia al minuto tres y el primer gol poblano fue de Leonardo Gorky al sesenta y nueve.

La selección mexicana se midió a Checoslovaquia en el juego estelar disputado a las doce horas. La alineación tricolor fue con Mota, Valtonrá, “Halcón” Peña, “Campeón” Hernández y González; Navarro, Munguía, “Chololo” Díaz, “Cabo” Valdivia, Enrique Borja (Fragoso), Aarón Padilla y “Teto” Cisneros bajo la dupla de Raúl Cárdenas y Javier de la Torre. Isidoro Díaz marcó al 58 y cinco minutos más tarde empató Pavel Stratil para los checos, el árbitro del juego fue Arturo Yamasaki.

Días después, el Cuauhtémoc recibió a la antorcha olímpica que venía procedente de Veracruz en su camino a la ciudad de México donde serían inaugurados los Juegos Olímpicos, una vez en la fiesta fue sede de siete partidos del futbol olímpico incluyendo algunos de Brasil (lo que alimentó la posibilidad de que fuera sede de los brasileños en México 70, con visitas de Joao Havelange quien era el Presidente de la Confederación Brasileña de Futbol) y el México vs España de cuartos de final que se saldó con victoria tricolor por 2-0 en un duelo que disputó Juan Manuel Asensi quien años después tuvo al Cuauhtémoc como casa al jugar para el Puebla de la Franja.

Dos veces estadio mundialista sumando ocho partidos entre México 70 y México 86, vio a Italia y a Uruguay en su camino a las semifinales del mundial de setenta, fue testigo de un golazo de Maradona ante Italia, de un emocionante duelo entre Italia y Corea del Sur que ganaron los que en ese momento eran los campeones del mundo, fue sede del primer clásico del Río de la Plata en cincuenta y seis años ya que tras la final del primer mundial en Uruguay, charrúas y argentinos no se habían vuelto a enfrentar hasta que el 16 de junio de 86 se encontraron en Puebla que festejó con una tarde soleada que derivó en un aguacero que obligó a estrenar el alumbrado de un estadio que ya había sufrido su primera remodelación donde el bello mural fue parcialmente tapado por una trabe. España fue local en su duelo de cuartos de final ante Bélgica aunque no le dio la suerte en los penales por lo que los belgas llegaron a las semifinales y al perder contra Argentina regresaron al Cuauhtémoc para disputar el tercer y cuarto lugar que ganó Francia por 4-2 en tiempo extra.

También ha sido sede de un mundial juvenil, hoy conocido como sub 20, en México 83 donde albergó cuatro juegos, sede de partidos de americano con los Aztecas de la UDLAP, de una pelea de Julio César Chávez ante Andy Hooligan disputada el 18 de diciembre de 1993. Casa del Puebla y del Ángeles de Puebla, aunque ha sido más tiempo el escenario de las alegrías y tristezas del equipo de la Franja.

Todo estos son datos de los cuales ya se ha hablado con mayor profundidad en otras entregas de este blog; es cierto el Cuauhtémoc es un escenario histórico pero hoy se abre la opción de abrir la puerta a las emociones porque finalmente ese inmueble ubicado en la Calzada Zaragoza es un lugar donde explotan los sentimientos de los poblanos, es mucho más que un estadio donde se han desarrollado acontecimientos deportivos muy importantes. El Cuauhtémoc es un catalizador de emociones, es la casa en la que muchos de nosotros nos acercamos por primera vez al futbol, es el lugar donde este deporte entró con fuerza a nuestras entrañas para ya no salir nunca más y convertirse en una pasión que incluso definió mi actividad profesional.

La primera vez que fui a un estadio de futbol fue el 11 de febrero de 1979, el Puebla de Carlito Peters (un brasileño que hacía los entrenamientos con música) se enfrentaba a los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara. El juego era domingo a las doce horas, pero mi padre y yo llegamos con anticipación para escoger el mejor lugar en el área de platea poniente, en las primeras filas tras la puerta veintitrés y en la zona donde se observaba el mural de Corro Ferrer y ahí hubo dos sensaciones muy fuertes: El olor del pasto con cierta humedad al que le pega el sol de la mañana y constatar que la cancha del estadio poblano no era plana, que tenía una pequeña loma justo a la mitad del campo, clave para las tardes de lluvia y así ayudar al drenaje, fueron momentos pero tan llamativos que los recuerdo vívidamente.

La U de G tomó ventaja en el minuto 32 con gol de Nené y al 71 parecía sentenciar con el gol de Eusebio, pero el Puebla tuvo una respuesta bravía, al 84 apareció su goleador Silvio Fogel para ejecutar con acierto un penal lo que creó una atmósfera impactante para un niño cercano a cumplir los seis años. Las palmas empezaron a sonar rítmicamente, mientras el grito de “Puebla, Puebla”, lanzaba a los jugadores que vestían con una franja azul hacia el frente en busca del empate, mismo que llegó al 88 cuando Silvio Fogel logró su segundo tanto de la tarde para entrar con fuerza en la lista de jugadores consentidos de ese niño que estaba en las butacas, en la zona de sombra, que daba un techo que fue muy característico hasta que la renovación de los ochenta lo eliminó. Todavía faltaban más emociones ya que al 92 Rodríguez Beltrán hizo el tanto de la victoria para la escuadra local luego de un gesto de calidad ya que controló con el pecho y sin dejarla de caer fusiló al guardameta para dar pie a la locura en el estadio.

A partir de ahí el futbol ya no salió del cuerpo de ese niño, a partir de ahí el Puebla con sus buenos, malos y pésimos momentos ha estado presente en la vida de ese niño que siguió acudiendo al inmueble con su papá, luego como aficionado con sus amigos incluyendo esa final pasada por agua de la campaña 91-92 ante León, misma que terminó 0-0 ya que el campo estaba en malas condiciones y afectó el juego poblano que era el equipo que buscaba ir al frente, para ese momento el niño había crecido festejaba terminar la prepa e iniciar la aventura universitaria donde había escogido la carrera de Ciencias de la Comunicación justamente para enfocarse en el periodismo deportivo. Eran años en que era “fácil” irle al Puebla, un equipo protagonista, siempre con buenos jugadores, no ajeno a las polémicas pero uno de los más pujantes de la provincia. A los dieciséis años ya había visto dos campeonatos de liga, dos de copa, un título honorífico de campeonísimo, y cerca de los 19 se sumaron un campeonato de CONCACAF y un subcampeonato, nadie sabía en ese momento que la época de vacas flacas estaba por iniciar.

Una persecución que llevó al cierre del Cuauhtémoc por varios meses hasta que la directiva vendió al equipo; tras cerca de cinco meses, el regreso al Cuauhtémoc fue impactante, la alfombra verde había desaparecido para dar paso a hierba amarilla en varias zonas, el descuido era evidente aunque la alegría de volver a tener futbol era mayor. Hubo partidos ante la propia U de G, ante el Necaxa que ya era una escuadra digna de ver con muy buenos jugadores, ese Puebla luchó pero no clasificó a la liguilla de la 92-93 rompiendo una racha de ocho liguillas consecutivas, era tan solo el inicio de unas vacas flacas que hasta la fecha no quieren irse del todo, mientras que el niño que se enamoró del futbol en el Cuauhtémoc pudo pisar su cancha antes de los veinte cuando arrancó su labor como reportero haciendo entrevistas.

Son 55 años del Estadio Cuauhtémoc, 55 años de pasión, 55 años de tradición futbolera, 55 años en los cuales el amor por el futbol se ha transmitido de padres a hijos o incluso de abuelos a nietos, en los que se ha dado pie a los cambios sociales por las cuales hoy las mujeres también juegan con mayor libertad y buscan consolidar una liga profesional porque el Cuauhtémoc ya también es escenario del esfuerzo de las jugadoras. Al Estadio de Puebla lo podemos explicar a partir de los datos, a partir de los jugadores y ahora jugadoras que lo han pisado y han brillado, a partir de la obra de dos arquitectos renombrados como Pedro Ramírez Vázquez y Jesús Corro Ferrer, también lo podemos explicar como parte de la historia poblana y cada una de estas posibilidades tendría razón, pero hoy en el quincuagésimo quinto aniversario de su inauguración convendría definirlo como epicentro de emociones y sensaciones tan fuertes que pueden definir una vida. El Cuauhtémoc es el centro pasional de Puebla.

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