Palabras clave: machismo, fertilidad, crisis económica, crisis de masculinidad.
De acuerdo con estadísticas del INEGI, la tasa de natalidad en México ha ido a la baja de forma sostenida. “En México, -dice el estudio- durante 2024, se contabilizaron 1 672 227 nacimientos registrados. La tasa de nacimientos registrados por cada mil mujeres en edad fértil (15 a 49 años) fue de 47.7. La disminución fue de 4.5 respecto al año anterior”. De acuerdo con un análisis demográfico realizado por Daniel Aceves Villagrán y publicado en el Excélsior en enero de este año, respecto “a estadísticas de natalidad y mortandad, las proyecciones 2026 apuntan a registrar un millón 996 mil 102 nacimientos y 851 mil 890 defunciones a nivel nacional, con una tasa global de fecundidad a ubicar en 1.84 hijos por mujer, 1.01 menos que en 2000. México ha pasado por una rápida transición demográfica, con alta natalidad y mortalidad en el pasado hacia patrones actuales de baja fecundidad y mortalidad”. Lo anterior tiene que ver con que las políticas de planificación familiar implementadas desde los años 70 del siglo pasado han sido exitosas y, como vemos, han disminuido considerablemente la estadística. En 1970 la tasa era de más de 4 hijos por mujer, según un reporte de UNAM Global. De seguir así, las proyecciones indican que nuestro país tenderá a “envejecer” y en unas cuantas décadas, se tendrán que abrir más geriátricos que escuelas.
Pero ¿por qué pasa esto y cómo está lidiando con ello nuestro mundo patriarcal? Bueno, tiene varios años que pregunto a mis alumnos cuántos de ellos piensan tener hijos y generación tras generación, disminuye de forma considerable el número de ellos y ellas que lo tienen contemplado; en todo caso, hay muchos que se muestran indecisos. La gran mayoría argumenta que tiene que ver con el costo de la vida y muchos otros afirman que “ya somos demasiados” en este mundo; “¿para qué traer a más gente?” De hecho, en un interesante reportaje realizado por la BBC, se afirma que el fenómeno es mundial, pero que no necesariamente en el caso de los hombres es por su decisión de no tenerlos, sino que son las circunstancias las que los obligan a ni siquiera considerarlo. “Anna Rotkirch -nos dice el reportaje-, socióloga y demógrafa del Instituto de Investigación Demográfica de Finlandia, que lleva más de 20 años estudiando las intenciones de fecundidad en Europa y Finlandia, afirma que puede haber algo más en juego: ella nota que ha habido un profundo cambio en la forma en que vemos a los hijos. (…) Al igual que el matrimonio, tener un hijo se consideraba antes un acontecimiento fundamental, algo que los jóvenes hacían al embarcarse en la vida adulta. (…) Ahora, dice Rotkirch, se considera un acontecimiento culminante, algo que se hace una vez que se han alcanzado otros objetivos”. Esto último es crucial. Muchos jóvenes piensan tener hijos hasta el momento en que puedan mantenerlos, pero en las condiciones de crisis que vive el mundo, será difícil que lo logren, lo que indudablemente genera frustración. Además, muchos creen en serio eso de que a los hijos hay que desearlos para ejercer paternidades responsables.
Para el reportaje de la BBC, esto produce una “crisis de masculinidad” pues los varones no podrán cumplir con el rol de padre que se las ha venido inculcando desde niños. Porque sí, es frecuente todavía en muchas partes del mundo y especialmente en México, que se eduque a niños y niñas en los roles de género que deben cumplir de acuerdo con el patriarcado y los varones han de cumplir con el mandato de paternidad; si no lo hacen, bueno, entonces para muchos serán hombres incompletos. Obviamente quien tiene la culpa de esta disminución según la machósfera, es el feminismo pues las mujeres buscarán hombres “más capaces de mantenerlas”, a ellas y a los hijos que tengan juntos. Más allá de estereotipos, lo cierto es que cada vez menos jóvenes tendrán la posibilidad de formar familias en el sentido económico, simplemente no les alcanzará. Por otro lado, el reportaje apunta algo sumamente interesante: los diferentes estudios no contemplan a los varones sin hijos en sus estadísticas, por más absurdo que parezca. Por ejemplo, el “estudio noruego de 2021 constató que un número considerable de hombres estaban siendo ‘dejados de lado’, señalando que ‘la falta de hijos es mayor entre los hombres más pobres’, y que ‘esta desigualdad en la fertilidad se ha ampliado con el tiempo’. Según sus autores, ‘aunque ya se sabe mucho sobre la fecundidad femenina... se sabe relativamente poco sobre la fecundidad masculina’”. Vale la pena preguntarse las razones de tal carencia. ¿Es acaso que el varón, en sociedades terriblemente patriarcales, finalmente no cuenta? No lo creo. Quizá tenga que ver con que los hombres no gestan y que muchas mujeres lo hacen sin que el padre esté en el panorama. Además, ¿qué tanto quienes realizan estos estudios están al tanto de la realidad que viven los varones hoy en día?, esto es si están poniendo atención en la forma en que las y los jóvenes se relacionan para desarrollar sus estadísticas.
Sea como sea, nosotros los más viejos, debemos estar atentos a la agreste realidad que viven y vivirán nuestros jóvenes, a su crecimiento emocional, a su capacidad de decidir qué quieren y qué no y, por supuesto, a la carencia de oportunidades que tienen. De esa manera, dejaremos de ser esos tíos, primos, hermanos o padres pesados que preguntan en cada reunión familiar “¿y los hijos, para cuándo?” ¡Vaya fastidio!