Palabras clave: machismo, voto, derecho, feminismo, ultra conservadurismo
En Estados Unidos aumenta el número de voces que piden que se retire a las mujeres el derecho a votar. Sí, tal como se lee, es un sentimiento real y que gana adeptos de acuerdo con un reportaje realizado por Ana Nieto para la Televisión Alemana (DW). Se trata de grupos de republicanos de ultraderecha que ven en el voto femenino una amenaza para que su partido conserve la mayoría en las próximas elecciones.
De hecho, como se menciona en un reportaje publicado en noviembre de 2025 en la página de La Cadera de Eva, las “pasadas elecciones del 4 de noviembre por la alcaldía de Nueva York, que le dieron el triunfo al demócrata de ascendencia musulmana y origen ugandés dejaron en claro algo: las mujeres están votando por proyectos liberales, y el conservadurismo plantea narrativas en contra de su derecho al sufragio”.
Y, como respuesta a esto, existe un movimiento denominado “Repeal the 19th” que, según la misma publicación, “es un movimiento liderado por hombres conservadores republicanos que piden que se derogue la Decimonovena Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que asegura el derecho al sufragio femenino desde 1920”. Para los partidarios de este movimiento, el voto debería ser sólo para los hombres o, en su caso, un voto por familia. De esa manera, se garantizaría que los varones tuvieran la última palabra en todas las cosas y en especial en las decisiones políticas.
Si no supiera que esto es real, pensaría que habría salido de una novela distópica como “El Cuento de la Criada” (1985) de Margareth Atwood o de una disposición talibán en Afganistán. Y, sin embargo, es algo que se propone en la autoproclamada democracia más democrática del mundo y de todos los planetas: nuestro ultraconservador, ultra religioso y ultra impositivo país vecino.
En otra nota de agosto de 2025, leemos que la cosa no queda solamente en USA y que la idea atrae a políticos de otras partes del mundo. De acuerdo con Spanish Revolution, en “2025, un siglo después de que las mujeres neerlandesas conquistaran el derecho al voto, un partido político con tres escaños en el Parlamento sigue defendiendo que ellas deben permanecer en silencio mientras ellos deciden.
El Partido Político Reformado (SGP), fundado en 1918, ha vuelto a presentar unas listas electorales sin una sola mujer para las elecciones del 29 de octubre. No es un accidente. Es una declaración de principios: según su ideario, votar o presentarse a un cargo público contradice ‘la vocación femenina’”. Al hacerlo, contravienen la ley de los Países Bajos que garantiza a las mujeres votar y ser votadas, así como acuerdos internacionales firmados por ese país. Pero, claro está, importa más su interpretación de la Biblia, que la de la Constitución.
¿En México estamos en una circunstancia similar? Bueno, no abiertamente, no al menos todavía. De hecho, de no existir en su momento las cuotas de género, serían todavía muchas menos las mujeres en participar en la vida política y esto sucede en todos los partidos políticos, incluso los que se dicen ser de izquierda. El machismo es estructural y, como es de esperarse, afecta también a estas instituciones.
Hasta donde sé ningún líder político se ha pronunciado abiertamente en contra del voto femenino, pero está más que visto que nuestra ala conservadora y ultra tienden a copiar o aplaudir los dichos y acciones de sus similares en Europa o Estados Unidos, la visita de Ayuso a territorios panistas es ejemplo de ello. En Estados Unidos, el miedo es que el voto femenino, mucho más tendiente a votar por políticas denominadas progresistas contribuya más a la debacle que ya están viviendo gracias a su obtuso y oligofrénico líder, el agente naranja.
En México, el miedo podría radicar en que las mujeres sigan apoyando esas mismas causas que ven representadas por la 4T y la presidenta de la Nación. Se antoja lejano que nuestro país viva un retroceso de tal magnitud, pero no imposible, más con el preocupante crecimiento que vemos de discursos de la machósfera y las nefastas consecuencias que ya estamos viviendo día con día en nuestra vida cotidiana. El voto femenino es uno de los logros más importantes que ha conseguido el feminismo en el mundo y en México.
Y, aunque no lo parezca, fue un logro esencial que permitió la construcción de un tejido social más justo y equitativo. Toda la sociedad se benefició y lo sigue haciendo, de una decisión tan justa e importante. Es labor de todos, hombres y mujeres, el defender nuestro derecho al voto y no permitir que se retroceda un solo milímetro en lo ya obtenido. Estados Unidos, por razones que no acabo de comprender, vive una de sus peores crisis en todos los sentidos, del que el moral es el más serio; nosotros, por cercanía, por tradición macha o por descuido, podemos seguir ese camino y hay que hacer todo por evitarlo. Sirva este espacio para contribuir a combatir esos retrocesos y los que se acumulen.