Palabras clave: machismo, emociones, comunicación, cambio, honestidad
Se suele decir que nosotros como hombres tenemos problemas para expresar nuestros sentimientos y suele ser verdad, aunque somos cada vez más los que no tenemos problema con hacerlo. Es sano reconocer que sentimos, que algo nos gusta o disgusta y que eso nos hace sentir bien o mal; reconocer también que sufrimos presiones y frustraciones; asumir, por supuesto, que nos equivocamos y hacerlo saber a quienes nos rodean que, muy seguramente, se han visto afectad@s por ello. Identificar, asumir, comunicar y cambiar, son verbos que debemos hacer propios en aras de construir relaciones más justas y llevaderas entre nosotros y las demás personas. En el portal La Cadera de Eva se afirma que esa falta de comunicación se encuentra enraizada en nuestra formación desde temprana edad, tanto en casa como en la escuela. A las niñas, nos dicen en el portal, se les enseña a estar en contacto con sus emociones. “En contraste -afirman-, a los niños se les enseña a evitar expresar emociones. La homofobia, la competitividad entre pares y la falta de modelos de rol que muestren una masculinidad sensible se convierten en barreras constantes. (…) Como resultado, los niños ‘se especializan en minimizar las emociones relacionadas con la vulnerabilidad, la culpa, el miedo y el dolor’. Quienes crecen sin herramientas para verbalizar sus afectos pueden desarrollar una ‘total inconsciencia con respecto a los estados emocionales tanto propios como ajenos’”. Por tanto, como se ve, todavía son muchos los hombres que no se expresan y que guardan traumas y rencores por muchos años hasta que estallan. De cualquier manera, como lo dije, existe una creciente población masculina que está dispuesta a hablar de sus emociones, tanto en su vida privada, como con un especialista.
Pero, cabe preguntarnos si lo hacemos bien, es decir, si lo hacemos para chantajear y manipular o para en verdad comunicarnos con quién nos rodea, sea nuestra pareja, familia o en el trabajo. La verdad es que a veces es difícil de saberlo y pienso incluso que muchos varones no saben que manipulan cuando asumen y comunican sus sentimientos. Por otro lado, es frecuente que se sigan apuntalando las pautas de comportamiento patriarcales y no sólo es a través de la machósfera; lo vemos en nuestras vidas cotidianas, con nuestras parejas, con los amigos y con nuestras familias. Para colmo, la cosa se complica más todavía: por un lado, abierta o veladamente se nos sigue exigiendo asumir modelos machistas de varón y, a la par, se nos exige que atendamos a nuestras emociones de forma artificial y sin ninguna guía. Ante tal confusión, los discursos de la machósfera entran perfectamente bien por ser simples, directos y contundentes.
Por ejemplo, a los jóvenes adolescentes que están despertando a su sexualidad se les ha venido moldeando desde la infancia en el rol que les toca desempeñar y, por tanto, han de buscar cumplirlo a como dé lugar y con las herramientas patriarcales que siguen recibiendo en el hogar, con los amigos y con las diferentes redes sociales. Siguen pensando que hay que coleccionar conquistas y, de preferencia, que sean del tipo sexual; siguen recibiendo su educación sexual de la pornografía y de los consejos de sus “experimentados” amigos. En contraste, se están enfrentando con un número creciente de chicas que no están dispuestas a aceptar esa dinámica y con planes y programas en materia de género que van incrementándose en las escuelas principalmente, a la par de legislaciones cada vez más duras en materia de violencias de todo tipo, especialmente ejercidas hacia las mujeres. ¿El resultado? Frustración, enojo, rabia, mismos que, al no ser comunicados, al no ser canalizados, producen lo que hoy se conoce como lo “incel” y que ha traído consecuencias terribles. Es crucial que construyamos sociedades más vinculadas a sus emociones que puedan construir relaciones humanas basadas en la comunicación auténtica y el respeto. Necesitamos hombres y mujeres que puedan decir que sienten, cómo lo sienten, qué les gusta y qué no les gusta y que eso no se perciba como debilidad de ellos y cualidad de ellas; de igual manera, que todo ello esté basado en la honestidad, porque, de lo contrario, el machismo encuentra nuevas vías de canalizar sus vicios y de mantenerse adherido a nuestras ya bastante golpeadas sociedades en el mundo.